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martes, 29 de diciembre de 2015

El arco iris de gravedad (parte 3)

Páginas 34-38

Parte 3 "reseña-resumen" de          "El arco iris de gravedad" de    Thomas Pynchon...



Es 1944, es Londres. Las bombas V siguen cayendo con monótona precisión. Teddy Bloat, uno de los compañeros de habitación de Pirate en el hotel-refugio, se dispone a llevar a cabo una pequeña travesura espía.

En un húmedo mediodía invernal Bloat se dirige hacia "una casa de tipo urbano, de piedra gris". En un macuto de piel de canguro esconde el kit básico de artilugios para espías (una cámara en miniatura, una lata de regaliz, un bote de emplasto para adherir bigotes...). La casa es la sede aliada del "Centro de evacuación, unidades técnicas, Alemania del norte" (ACHTUNG) donde trabajan su amigo el teniente británico Oliver Tantivy Mucker Maffick, y el teniente estadounidense Tyrone Slothrop.

Al interior de las dependencias, en el despacho que comparten Tantivy y Slothrop, una serie de planos, notas y mapas con información clasificada detallan los pormenores de la guerra. Aprovechando la soledad de la oficina Bloat entra en el pequeño cubículo dispuesto a fotografiar con su cámara de espía un plano en particular; uno que es propiedad del teniente Slothrop. Durante meses Slothrop ha ido cubriendo la superficie del mapa con estrellas de colores. Cada color se asocia al nombre de una mujer (plateado Darlen, verde Gladys, dorado Katharine...) pero ¿describen los colores y las estrellas sólo las conquistas amorosas de Slothrop?, Tantivy cree que sí, aunque no deja de ser curioso que las bombas caigan con demasiada frecuencia justo sobre los puntos que Slothrop ha marcado con estrellas...

domingo, 27 de diciembre de 2015

Sí que había huevos...

Hace algún tiempo, cuando comunicaba mi decisión de reseñar-resumir la novela de Pynchon "El arco iris de gravedad", comenzaba la entrada con el siguiente diálogo:

- A que no hay huevos de leer a Pynchon en el metro.
- No...no.


Pues ocurre que sí había...



La foto la he sacado de un grupo de facebook llamado "El arco iris de gravedad", un grupo que no registra movimiento desde hace ya varios meses y donde los usuarios comentaban pequeños detalles de la trama o datos curiosos relacionados con la novela. La foto en cuestión fue subida el 1 de octubre por un usuario de nombre Steven Nielsen quien no entrega más datos acerca de su origen, pero que de la novela asegura se trataría de la segunda mejor novela escrita en inglés. Me pregunto cuál considera él que es la primera.

De todas formas he querido compartirla, porque me ha parecido además de estupenda, un "zas en toda la boca" en toda regla. 

martes, 10 de noviembre de 2015

"Hannah Höch: La mujer fragmentaria" (Jordi Ribas) Traducción

No hace mucho compartí una de las entradas de DISSENY, uno de los pocos blogs que sigo de forma permanente. Su autor (Jordi Ribas) escribe artículos que tocan el tema del filtraje del arte en el mundo del diseño y de la publicidad. Me encanta su blog. Me encanta él. Por eso cuando alguna de sus entradas me gusta todavía más que las otras la robo con descaro, la traduzco desde el catalán y la publico por acá. 

Eso renueva mis ganas de escribir y de observar el mundo. Limpia la atmósfera ya enrarecida de los recuerdos de una Barcelona que ahora observo desde la distancia. 

La entrada del 15 de septiembre es una de esas, y hoy -aún entre las garras de una gripe galopante, fulminante, terrible, respirando los que bien podrían ser mis últimos alientos- la traduzco y la pongo a disposición. El título original es "La dona fragmentarìa" un artículo-decodificación en donde la artista Hannah Höch se nos presenta como una reestructuradora de fragmentos a la vez que un fragmento en si mateixa. Una parte del extenso linaje de las amazonas dispersas. Aparatos fuertes, valientes, inteligentes, casi siempre solitarios, muchas veces suicidas. Esquirlas que esparcidas por el tiempo y por el mundo reflejan su particular modo de ver las cosas. 

Espero queden disculpadas mis imprecisiones catalano-castellanas, que el tiempo que ha pasado es mucho, la gripe es recia y las neuronas, flaquean. 

Pasen y vean, que es gratis.

sábado, 10 de octubre de 2015

"Punto Omega" (2010), Don DeLillo

Tal vez fuera mala suerte, pero después de que Gaddis me arrastrase en ese brillante aparato dialéctico que es "Gótico Carpintero", de que Schwob deformara las verdades de unas vidas para hacerlas más reales en "Vidas Imaginariasy que es además precursora de novelas como "La historia de la Infamia" de Borges o la "Literatura Nazi en América Latina" de Bolaño, y de que Cheever me mostrara cómo se deforman las cosas dentro y fuera de una cárcel en "Falconer", a mi que DeLillo venga a hablarme de la nada, el contenido de la nada y lo que hay después de la nada, ha acabado por ponerme francamente mal.

Puede que el error haya sido leer "Punto Omega" justo después de haber vivido así las últimas semanas de mi vida. Pasa que uno viene con el pelo suelto al viento, pasado de revoluciones, viviendo la vida loca en la literatura desbocada de los antes mencionados, cuando se encuentra con "Punto Omega". Una novela de la que nunca se tuvo muchas expectativas pero que siempre estaba ahí, siempre a la espera del momento oportuno. 

Y entonces empiezan las negociaciones; que venga, que hace tanto que la tienes, y que es tan breve, que ya es hora...¡Y ya está! La lees. Y esas 150 páginas se hacen más duras y más largas y exigen más de ti, que el propio desierto en el que transitan, aparecen y desaparecen, algunos de sus personajes. 


viernes, 21 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad (parte 2)

Páginas 25 - 33

Segunda parte de la "reseña-resumen" de la novela "El arco iris de gravedad" de Thomas Pynchon...



Como se mencionó en la entrada anteriorGeoffrey Pirate Prentice posee dos talentos; preparar los más variados manjares con bananas y, "meterse en las fantasías de los demás: puede, de hecho, asumir la carga de manipularlas(pág. 26)

"No debemos preocuparnos por cuestiones como las de lo real o lo irreal"
(Geoffrey Pirate Prentice)
















De sus dos habilidades Prentice domina y disfruta de la primera; las bananas y el arte culinario se le dan estupendamente bien. Ante la segunda en cambio reacciona con incredulidad y desconcierto; no sabe por qué la posee, no puede controlarla a voluntad; sólo es que de pronto experimenta la certeza de encontrarse dentro de los pensamientos de otro.

Su primera entrada a una fantasía "fuera de toda condición onírica" es presentada en la página 28. En un único gran párrafo narrado de forma torrencial, saltando de una idea o escenario al siguiente, cambiando de tiempo narrativo a voluntad, se describe lo que ocurre durante el primero de sus trances...


"El arco iris de Gravedad" Entradas

Acá todos los enlaces de las reseñas relacionadas con "El Arco iris de gravedad" (Thomas Pynchon) que puedes encontrar en este blog:

Si quieres saber de qué va esto, clica acá

1) Parte 1 (páginas 13-25)
2) Parte 2 (páginas 25-33)
3) Parte 3 (páginas 34-38)
4) Parte 4 (páginas 39-52)
5) Parte 5 (páginas 53-63)
6) Parte 6 (páginas 64-70)
7) Parte 7 (páginas 71-87)
8) Parte 8 (páginas 87-97)
9) Parte 9 (páginas 98-113)
10) Parte 10 (páginas 113-115)
11) Parte 11 (páginas 115-131)
12) Parte 12 (páginas 132-137)

Diccionario de personajes (parte 1)
Diccionario de personajes (parte 2)



viernes, 7 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad (parte 1)

Páginas 13 - 25

Primera parte de la "reseña-resumen" de la novela "El arco iris de gravedad" de Thomas Pynchon...




"
Llega un grito a través del cielo.  Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con qué compararlo(página 13) 


Y así, de esta forma, arranca la historia. 

Lo que ruge en el cielo no es otra cosa que una bomba V alemana. Comienza la evacuación en unas calles londinenses asediadas por el bombardeo. Sabemos que ocurre en Londres. Sabemos que ocurre en 1944. Lo sabemos porque lo pone en la contraportada, pero, si fuésemos de aquellos que evitan leer las contraportadas porque estamos convencidos de que casi siempre son escritas por alguien que ni siquiera se ha leído la novela, no tendríamos cómo saberlo. El escenario descrito por Pynchon es atemporal, es bélico, es cataclísmico y podría situarse en cualquier minuto del tiempo y referente a cualquier amenaza humana, interplanetaria o celestial. 

A nadie le sorprendería que, en lugar de la segunda guerra mundial, la acción estuviese ambientada en un Los Ángeles retrofuturista, durante por ejemplo, el año 2019.

Los Angeles City. Blade Runner (1982)


















Y lejos de diluirse, al avanzar en la lectura la sensación de que los hechos ocurren en el futuro más que en el pasado se acentúa cada vez más. El espacio adquiere las características del metal, se hace nítido a pesar de la oscuridad, transparente a pesar del humo de los bombardeos.

miércoles, 5 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad (Thomas Pynchon), Apuntes de lectura

Al final de la entrada anterior comentaba el propósito original de este blog... transcribir, a modo de cuaderno o bitácora de notas, mis impresiones acerca de la novela "El arco iris de gravedad" de Thomas Pynchon. Pocos hay que no conozcan su envergadura: su extensión es de mil ciento cuarenta y ocho páginas (2012, Fábula, Tusquets editores) y su contenido es, bueno...Pynchon. Y aunque ni lo uno ni lo otro es problema a la hora de leer; leer y reseñar son dos cosas muy diferentes. Así, para ir ordenando un poco todo esto y para que los interesados tengáis alguna idea de cómo iré avanzando en mi propósito, hay algunas cosas que debéis tener presentes; el ejercicio será llevado a cabo en tiempo real, es decir que iré subiendo las notas en la medida en que yo prospere en la lectura. Aclaro que no se trata de una re-lectura sino de una primera lectura, con lo que no sé más acerca de la novela que lo dicho en la contraportada, en algún artículo y en mi propia experiencia con otros cuentos y novelas del autor. Así, lo escrito podrá ir sufriendo cambios; lo que hoy aparece como un desastre nuclear que amenaza la supervivencia de la raza humana, mañana puede ser un sueño, el desvarío de un borracho o las alucinaciones de un drogadicto, elementos que son, por lo demás, muy comunes del planeta Pynchon.

No hay tiempos ni plazos definidos. No hay extensiones predeterminadas, no hay máximo o mínimo de notas por entrada, no hay límites precisos a cerca de sus contenidos. Tendrá el valor y el uso que cada quien tenga a bien otorgarle (reseña, resumen, compendio de comentarios, etc.). Cualquiera que haya leído la novela podrá decir en el futuro que lo expuesto aquí no es ni lo más cierto ni lo más importante ni lo mejor, y puede que sea cierto. Ésto no pretende ser un análisis filosófico ni psicológico y ni tan siquiera un análisis literario por definición. Es simplemente un ejercicio personal. Las impresiones que causa Pynchon en un lector común y corriente, en este lector que soy yo.

Pretendo además, a modo de ejercicio recopilatorio y literario, mostrar algunos de los elementos comunes en el mundo de Pynchon (tramas, personajes, escenarios, relaciones, etc.), principalmente en base a ideas y lecturas personales, pero también y cuando sea posible con el apoyo de  artículos, estudios, notas y/o comentarios externos. Vale aclarar  (por si no se ha notado ya...) que no soy una autoridad en la materia, y que en muchas ocasiones recurro a ayudas externas para interpretar mejor ciertos pasajes. En todo caso, cualquier referencia externa entre las notas, quedará debidamente indicada.

Pues nada, allá vamos. 

Si quieres ver todas las entradas relacionadas con este tema, clica acá.

martes, 4 de agosto de 2015

Pynchon, El arco irirs de gravedad; a que no hay huevos

- A que no hay huevos de leer a Pynchon en el metro.
- No...no.


Pynchon: maximalista, enciclopédico, paranoico, excéntrico, laberíntico, sumamente sensorial. Pynchon es un escritor al que la mayoría de los lectores llegamos con cierto temor. Su nombre se asocia a una larguísima lista de atributos que abarcan desde el "simplemente genial" hasta el "francamente infumable", muy común este último en lectores entusiastas que, espoleados por la crítica especializada y los cada vez más numerosos devotos pynchonianos, se lanzan sin paracaídas ni red alguna a los extraños vericuetos de este misterioso oriundo de Long Island.

Elevado por algunos al mismísimo nivel de Melville o Joyce, Pynchon es blanco de una avalancha siempre creciente de elogios. Cumple excentricidades incluidas— con todos los requisitos para ser considerado un autor de culto. Y, mientras la crítica y los círculos intelectuales no escatiman en ponderaciones, nosotros los simples mortales, vivimos presos del temor, observando casi siempre desde lejos, casi siempre desde otros ojos el enorme tamaño, la increíble estructura, la supuestamente inalcanzable complejidad de la demoledora maquinaria pynchoniana.

viernes, 24 de julio de 2015

Mono de Saki

Saki es bueno, Saki es muy bueno, y no es extraño que se aparezca de pronto, sobre todo si uno lleva una larga temporada pensando en fantasmas.

En fantasmas, en Walsh, en Beresford, y en la Antología del Cuento Extraño (1976) que mencioné en una entrada anterior a propósito de un cuento de Beresford titulado el "El misántropo". Pero, ¿qué pinta Beresford en mis pensamientos fantasmales acerca de Saki?, nada realmente, excepto por el hecho de que ambos (además de Nicanor Parra y Max Beerbohm), aparecen mencionados en la presentación de un relato de este último llamado "Enoch Soames". Y resulta que "Enoch Soames" está bien, que Beerbohm está bien, pero que en principio todo arranca desde Saki: de lo birmano que era Saki, de lo grande que era Saki, de lo necesario que es leer a Saki. Y así me he quedado, con mono de Saki. 


Y nada más leer Saki voy a por una de mis libretas y busco mis notas a cerca de su relato: "Laura". Aparece en el primer volumen de la antología arriba citada y comparte escenario con relatos de Beresford, Devaulx, Bierce, Borges y otra docena de escritores cuya temática navega entre lo curioso, lo raro, lo extraño y lo más extraño. 

El cuento seleccionado por Walsh para esta antología  ("Laura") no es a mi parecer el más llamativo que escribiera Saki, y sin embargo en él converge todo lo que hace de este uno de mis autores favoritos si de territorios oscuros y de sus habitantes de trata. Un viaje que hago cada vez con menos frecuencia pero del que siempre rescato a Saki y su humorismo lúdico en los territorios del horror. Reviso mis notas. Veo que mi descripción de "Laura" es abundante. La lista de calificativos abarca un folio y se encuentra justo después de mis impresiones sobre el cuento de Oliver Onions ("El buque fantasma"), impresiones que no sólo son breves sino que además acaban con la frase "me ha quitado las ganas de vivir..." en una agónica y desfigurada línea descendente.  

martes, 21 de julio de 2015

El muro (Jordi Ribas)

¿Qué queda si extirpamos la intencionalidad comercial a ciertas piezas publicitarias?. Si no somos demasiado aficionados a los laberintos idiomáticos en plan Perec, lo más probable es que nuestra respuesta sea; nada.


Corría el año 2004 cuando conocí a Jordi Ribas en Barcelona city, justo en medio (o más bien justo al lado) de una plaza fuertemente resguardada por palomas. Jordi Ribas es diseñador gráfico, escritor sin temor a palomas o a cualquier otra clase de pájaro y mi amigo, y hoy por hoy está embarcado en un interesante ejercicio de objetivos múltiples y premisas curiosas. Echando mano al trabajo de los diseñadores catalanes Ribas y Creus con quienes estuvo laboral y emocionalmente emparentado, muestra particulares piezas de publicidad despojadas, precisamente, de su afán publicitario. Lo que queda cuando se anula la funcionalidad de aparatos diseñados ex profeso para cumplir con esa tarea, y cómo, curiosamente, aumentan de peso a través de ese ejercicio disociativo. 

En la mayoría de los casos, muerto el producto, se extingue también el grafismo al que daba origen y sentido. Sin embargo, a veces, este último se gana el derecho de permanecer a flote, y lo hace eso sí, trastocado por el desplazamiento milimétrico, infinitesimal, que sufre todo aquello destinado a transformarse en una pequeña (o gran) pieza creativa. 


lunes, 29 de junio de 2015

Las partículas elementales (1998), Michel Houellebeq

Uno escucha muchas cosas de ciertos escritores. De Murakami por ejemplo se dice que es profundo, que es hipnótico, que su prosa es casi mística, que pertenece a esa clase de escritores que sólo pueden producir dos reacciones en los lectores; un amor desenfrenado o un odio incisivo. Y yo creo que no. Yo creo que hay quienes podrían amar a Murakami con locura, pero para lo segundo, para lo de provocar odio a niveles incisivos habría que ser un escritor muy diferente del que es el japonés...Un escritor como Houellebecq, por ejemplo; un señor que se comporta muy raro en las entrevistas, que no es precisamente amable con la prensa, que escribe novelas que abundan en descripciones desoladoras y casi siempre muy gráficas de temas como el sexo, la decadencia, la muerte, y del que nunca se sabe a ciencia cierta dónde acaba el escritor y dónde comienza el narrador. Un señor, en resumen, que jamás se haría una foto acariciando gentilmente a un gato (vivo). 


Para quien no lo sepa Houellebecq es un escritor francés que ostenta uno de los prontuarios más nutridos de la narrativa contemporánea: en su larga lista de cargos figuran el racismo, la misoginia, la islamofóbia. Y de esto último sabe un rato largo. Basta recordar que justo en medio de la promoción de su última novela Sumisión (Anagrama, 2015), Houellebecq se vio obligado a coger el primer vuelo disponible con destino a un lugar far far away, por temor a que hicieran con él lo mismo que habían hecho con los creativos de la revista Charlie Hebdo por esas mismas fechas. Así que, ante las dudas y el temor, Houellebecq que es un irreverente pero que tampoco es tonto salió rápidamente de Francia para acabar declarando al periódico italiano Il Corriere della Sera de que "tenía mucho miedo". 

martes, 5 de mayo de 2015

Fragmentos de "On the road" (1957), Jack Kerouac


Kerouac, el más representativo de los exponentes de la beat generation, escribe en 1957 su particular manifiesto de la libertad "En el camino" ("On the road") como respuesta a la preocupación por la amenaza nuclear, a la lucha por mantener los valores de la sociedad, a la necesidad de mostrar al mundo entero el perfil más convencionalista de Estados Unidos. Fuera de los márgenes de una estructura definida, la prosa de Kerouac es, en sí misma, desenfadada y libertaria, no se ajusta a lo establecido, no hace ni dice ni lo dice de la forma acostumbrada, concentra el espíritu con el que miles de jóvenes de los años 60 se sintieron identificados, y que más tarde los impulsaría a la búsqueda de la felicidad a través del sexo, las drogas, la música y la amistad. 

martes, 28 de abril de 2015

Fragmentos de "El lamento de Portnoy" (1969), Philip Roth



Es tan galvánico Roth...
"Portnoy's complaint" o "El lamento de Portnoy" (1969) es, fuera de toda duda, una novela galvánica. Que se lo digan si no al mismo Roth quien por ésta y por casi todas las novelas que le siguieron- fue acusado entre otras cosas de antisemita y misógino. ¿Valió la pena?, y tanto, Roth es grande entre los grandes y nadie mejor que él y Alexander Portnoy para desarticular los complejos mecanismos de la culpa, de la rabia contenida. Nadie como Roth para amalgamar el lamento existencial con el humor, para mostrarnos como ha de lamentarse uno, pero bien.

Otros fragmentos de la novela (editorial DEBOLSILLO, 2012);


"La ubicuidad de  mi  madre  y  el  estreñimiento  de  mi  padre,  mi  madre entrando  en  vuelo por la ventana, mi padre leyendo en el periódico de la tarde con  un  supositorio  metido  en  el  culo… Éstas,  doctor,  son  las  impresiones más antiguas que de mis padres tengo, de sus atributos  y  secretos" (página 11)


"De manera que mi madre se sienta a mi lado con un largo cuchillo de cortar pan en la mano. Es  de acero inoxidable y tiene pequeños dientes de sierra. ¿Qué quiero  ser? ¿Fuerte o débil, hombre o ratón? " (página 23)


"Ni se me pasaba por la cabeza que se pudiera  uno beber un vaso de leche con el sándwich de salami sin ofender a Dios  Todopoderoso.  Imagínese,  entonces, las  broncas  que  no  me  echaría la conciencia, cuando empezó lo de las pajas. El sentido de culpabilidad,  los  temores.  ¡Se  me metió  el  terror  en  los tuétanos! ¿Qué  había  en  su  mundo,  el  de  mi  madre  y  mi  padre,  que no estuviera cargado de peligro, chorreando gérmenes, lleno de riesgo? ¿Para cuándo  dejaban  el entusiasmo,  la  osadía,  el  valor?  ¿Quién había transmitido  a  mis  padres  semejante  sentido  de la  vida,  tan timorato? " (página 43)



lunes, 20 de abril de 2015

Inicio de "Lolita" (1955), Vladimir Nabokov


En 1955 Vladimir Nabokov publica su novela más polémica y conocida "Lolita", en ella relata la obsesión de un hombre por las "nínfulas": niñas de entre nueve a trece años que despiertan en el protagonista (Humbert Humbert) una enloquecedora atracción. Según el propio Humbert, no es la belleza ni la fragilidad lo que eleva a la niña al sitial de nínfula sino su naturaleza ambigua, la mezcla de tierna y soñadora puerilidad. 

Criticada, acusada de obscena, repudiada, ensalzada y admirada, sin duda "Lolita" merece todas aquellas reacciones. Luego de ser rechazado por varias editoriales, Nabokov consigue su publicación por una editorial parisina especializada en temática erótica y pornográfica. 

El estilo, cargado de detalles y descripciones, se traduce en un ambiente vívido repleto de imágenes. El párrafo de inicio es una muestra no sólo del estilo barroco de Nabokov, sino que resume en unas pocas líneas, la arrebatadora pasión que puede desencadenar en un hombre adulto el raro magnetismo de una nínfula;

"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. 
Lo-li-ta: la  punta  de  la  lengua emprende  un  viaje  de  tres  pasos  
desde  el  borde del paladar para apoyarse, en el tercero, 
en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta."


Las nínfulas;
"¿Son  nínfulas  todas  las  niñas?  No,  desde  luego.  De  lo  contrario,  quienes supiéramos el secreto, nosotros, los viajeros solitarios, los ninfulómanos, habríamos enloquecido hace mucho tiempo. Tampoco es la belleza una piedra de  toque; y la vulgaridad –o al menos lo que una comunidad determinada considera  como  tal–  no  daña  forzosamente  ciertas  características misteriosas,  la  gracia  letal, el evasivo, cambiante, trastornador, insidioso encanto mediante el cual la  nínfula  se  distingue  de  esas  contemporáneas suyas  que  dependen  incomparablemente  más del  mundo  espacial  de fenómenos  sincrónicos  que  de  esa isla intangible de tiempo hechizado donde Lolita juega con sus semejantes.  Dentro  de  los  mismos  límites  temporales, el  número  de verdaderas  nínfulas  es harto inferior al de las jovenzuelas provisionalmente feas, o tan sólo agradables, o  «simpáticas»,  o  hasta «bonitas»  y  «atractivas»,  comunes,  regordetas, informes,  de piel  fría,  niñas esencialmente  humanas,  vientrecitos  abultados  y trenzas, que acaso lleguen a transformarse en mujeres de gran belleza (pienso en los toscos budines con medias negras y sombreros blancos que se convierten en  deslumbrantes estrellas  cinematográficas).  Si  pedimos  a  un  hombre  normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girlscouts,  no siempre  señalará  a  la nínfula.  Hay  que  ser  artista  y  loco,  un  ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una  llama  de  suprema  voluptuosidad  siempre  encendida  en  su  sutil espinazo (¡oh, cómo tiene uno que rebajarse y esconderse!), para reconocer de inmediato, por signos inefables –el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación, la vergüenza y las lágrimas de ternura me prohíben enumerar–, al pequeño demonio mortífero entre  el común  de  las  niñas;  y  allí  está,  no  reconocida e  ignorante  de  su fantástico poder." (Humbert Humbert)

Nota; La fotografía utilizada al inicio del post pertenece a Gary Gross, y en ella puede verse a una jovensísima Brooke Shield.

martes, 14 de abril de 2015

Fragmentos de "El misántropo" (1918), J.D. Beresford




Este fragmento forma parte del primero de los cuatro tomos de relatos de la colección "Antología del Cuento Extraño" (1976, Ediciones Tauro). Los cuentos en ella reunidos fueron seleccionados, traducidos y prologados por el mismísimo Rodolfo Walsh. "El misántropo" abre el primero de los tomos, y en él se relata la historia de un hombre con una capacidad particular a la par que terrible, tanto, como para obligarlo a permanecer recluido en un islote. Allí piensa y observa, allí vive alejado del mundo intentando olvidar aquel oscuro don que desearía jamás haber recibido.

"Después  que  volví del islote  y  discutí el  caso  en sus distintos  aspectos,  empecé  a  preguntarme  si  aquel hombre no me habría tomado por tonto. Pero, en lo más profundo  de  mi  conciencia, creo  que no.  Sin  embargo, no  puedo  resistirme  a  la  influencia de  las  risas  que ha despertado  mi  relato.  Aquí,  en  tierra  firme, todo parece improbable,  grotesco,  estúpido.  Pero  en  el islote la confesión  de  ese  hombre  resultaba  absolutamente convincente.  El  escenario  es  todo,  y  quizá  yo  deba agradecer que  las  circunstancias  que actualmente me rodean  sean  tan  favorables  a  la  normalidad. Nadie aprecia más que  yo el misterio  de la vida; pero cuando ese misterio implica dudar de uno  mismo, me resulta más agradable olvidarlo."

Tal como el mismo Walsh señala en el prólogo, además de ser un relato estupendo y de ser ampliamente elogiado por la crítica "El misántropo" recibe también el honor del plagio. El plagiador, un sacerdote de nombre Leonardo Castellani, incluyó en su libro "Martita Ofelia y otros cuentos" (1944), un relato que tiene no sólo idéntico nombre, sino además el mismo tema, la misma trama y muchas de sus frases copiadas de forma textual. 

lunes, 13 de abril de 2015

Fragmentos de "A la espera de la oscuridad" (1956), Alejandra Pizarnik



El poema "A la espera de la oscuridad" pertenece al libro "La última inocencia",
el segundo de la autora publicado en 1956.

Belleza sencilla, belleza brutal, un dolor amplificado por el paso y el peso de sus días, y sin embargo Alejandra Pizarnik no era la niña temerosa inmovilizada por el terror, esa manía de vivir, esa realidad que la desarmaba cada día era la misma que por las noches, la impulsaba a reconstruirse nuevamente .

Pizarnik siempre trabajaba de noche, leí alguna vez por ahí.


A la espera de la oscuridad 
Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo, desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma 

Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada


Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.