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domingo, 15 de enero de 2017

Knockemstiff (Donald Ray Pollock)

Hay que comenzar diciendo que Donal Ray Pollock escribe condenadamente bien y que sumergirse en su lectura es inyectarse una dosis de desconsuelo y brutalidad demasiado peligrosa (por adictiva) a la vena. En Knockemstiff (lugar real ubicado en algún punto de Ohio, Estados Unidos) se suceden las más descarnadas historias de un grupo de raros, abandonados y perdedores, un grupo de desesperados que buscan escapar o sobrevivir a una sórdida atracción que ya ha cerrado todas sus puertas.

En las dieciocho historias que la componen los personajes aparecen y desaparecen, entran y salen, pero al final siempre vuelven otorgando al pueblo el estatus de territorio inexorable y a los cuentos la estructura de novela definitiva ¿por qué observar la obra al completo si para contar una gran historia pueden pueden verse sólo escenas aisladas, íntimamente cosidas sin que se vean las junturas?, ¿no es acaso lo que hacemos todo el tiempo, observar por una rendija, (siempre diminuta, siempre sesgada), lo que pasa al rededor?. Pollock demuestra no sólo que la inquietud es válida sino que el ejercicio es perfectamente posible, perfectamente compatible con con el ejercicio cada vez más solitario de observar lo que nos rodea. En el planeta Knockemstiff las pocas decenas de casas, la geografía oscura, la desesperación ejercen sobre sus habitantes una atracción demoledora y violenta. Knockemstiff circula por su sangre lo mismo que la maldad y que la locura; padres, hijos, madres, hermanos, generaciones enteras marcadas por la fatalidad. Una realidad que, por suerte, sólo vemos (o leemos) gracias a la indiscutible habilidad de Pollock para transformar lo terrible en un espectáculo sórdidamente atractivo.

Advertencia; Knockemstiff no es una creación moralista, no pretende la redención, no hay finales felices pero, ojo, tampoco hay castigo. No hay el dedo del escritor suspendido sobre las cabezas de sus desgraciados hijos ni para culparlos ni para justificarlos. El dios Pollock ha colgado bien alto sobre su trono el rótulo de "id y haced lo que se os venga en gana", un dios como los dioses de verdad.

De lectura recomendada para todo aquel no tenga miedo de mirar, de vez en cuando, debajo de la alfombra y de lectura obligatoria para quien guste de correr, siempre que se pueda, los riesgos de la gran literatura.