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miércoles, 1 de marzo de 2017

Diario (parte 1) "Epic Fail"

Me han diagnosticado depresión.

Mi psiquiatra me ha recomendado escribir un diario. Así que me pongo a escribir el diario, algo que dice bastante acerca de la clase de depresivo que soy, o de la clase de depresivo en que pretendo llegar a convertirme.

Hace tiempo que abandoné la Moleskine; por cara, por moderna, por su papel de mala calidad, por su omnipresencia, por sus mostradores repletos de Moleskines con cada chorrada que se pone de moda. 

Soy un depresivo mosqueado y sin teléfono móvil.

Las libretas que uso ahora tampoco son baratas, pero de tanto en tanto las ponen en oferta, así que de tanto en tanto las compraré para seguir el consejo de mi psiquiatra y "desentrañar los misterios de mi monstruo".

Y lo primero que escribo en la libreta de mi depresión, es que detesto los anglicismos. Detesto los "epic fail". Los detesto tanto que pongo "epic fail" en el buscador de youtube y abro lo primero que aparece. Y lo primero que aparece es el "epic fail" de la entrega de los Oscar de este año. 



Le han dado el Oscar a la peor mejor película; La La Land.
La gente aplaude.
Algunos lloran.
Las respectivas esposas están emocionadas. 

El productor de La La Land, Jordan Horowitz, recibe la estatuilla e inicia su discurso. Agradece a la academia, menciona gente que no conozco. 

De pronto alguien corre por detrás del escenario. 
Alguien se acerca a Jordan.
Jordan pone mala cara.
Jordan pone muy mala cara. 
Jordan resopla. 

Marc E. Platt, el otro productor, también agradece. Habla de esfuerzo, de entusiasmo, creo que dice algo de luchar contra la adversidad. Mueve la estatuilla con energía. Entonces, en medio del discurso de Platt, el grupo comienza a disgregarse. Algunos abandonan el escenario.
Ryan Gosling deja de mover el brazo como si le hubiese ganado un punto de torneo a Rafa Nadal. 

Horowitz anuncia que ha habido un error y que "Moonlight" es la ganadora. 

Yo me río. 
Pero no me río de esta gente ni de esta situación. Me río porque me doy cuenta de que, en el improbable caso de que yo hubiese dedicado mi vida a producir películas, y, en el todavía más improbable caso de que mis películas hubiesen competido por un Oscar, yo habría ganado un Oscar. Yo habría ganado un Oscar y todo habría ocurrido exactamente así. Porque yo a veces también gano, pero jamás sin una gota de dolor, ridículo o desesperación. 

Yo sería el productor de "Moonlight", así que me tocaría subir al escenario y coger mi Oscar usado de las manos de Jordan Horowitz y en ese momento diría algo como un "muchas gracias" descolocado y breve. Diría "muchas gracias" aunque por dentro estaría pensando; "¿y a mí quien coño me ha mandado a meterme aquí?"

Al otro día vería la foto de Jordan Horowitz sosteniendo mi Oscar en todos los periódicos, mientras busco las aspirinas y juro mudarme a Ámsterdam lo antes posible. Mudarme a Ámsterdam; a vivir de incógnito, a intentar fumar maría sin que me duela la cabeza o me baje la presión. A comer pastel de manzana. 

Se me dan fatal esta clase de cosas, la suerte y el éxito se me dan mal. Se me da fatal hacerme millonario y conocido por cualquier medio o por cualquier razón (de hecho, ruego no llegar a hacerme famoso por ciertas razones). 

Me voy a dormir.
Me quedo con las nuevas libretas.
Renuncio al Oscar. 

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