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lunes, 29 de junio de 2015

Las partículas elementales (1998), Michel Houellebeq

Uno escucha muchas cosas de ciertos escritores. De Murakami por ejemplo se dice que es profundo, que es hipnótico, que su prosa es casi mística, que pertenece a esa clase de escritores que sólo pueden producir dos reacciones en los lectores; un amor desenfrenado o un odio incisivo. Y yo creo que no. Yo creo que hay quienes podrían amar a Murakami con locura, pero para lo segundo, para lo de provocar odio a niveles incisivos habría que ser un escritor muy diferente del que es el japonés...Un escritor como Houellebecq, por ejemplo; un señor que se comporta muy raro en las entrevistas, que no es precisamente amable con la prensa, que escribe novelas que abundan en descripciones desoladoras y casi siempre muy gráficas sobre temas como el sexo, la decadencia, la muerte, y del que nunca se sabe a ciencia cierta dónde acaba el escritor y dónde comienza el narrador. 

Un señor, en resumen, que jamás se haría una foto acariciando gentilmente a un gato (vivo).