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domingo, 28 de febrero de 2016

Personajes de "El arco iris de gravedad" (parte 1)

Si hay algo que tienen las novelas de Pynchon, son personajes. Principales, secundarios, terciarios, accesorios, eventuales, circunstanciales y cualquier otro nivel posible y probable de algo-alguien que pueda inscribirse y escribirse en una novela. Y ahora, avanzando como avanzo en la lectura de "El arco iris de gravedad" y viendo la gran acumulación de apuntes, notas e ideas que va generando, he decidido que ya es hora de algo parecido a un diccionario. Como ya lo he dicho, no soy experto en el tema, pero me divierto haciendo apuntes, tomando notas y completándolas con cosillas como esta. Además, ésto podría servir de guía a algún alma errabunda en los territorios pynchonianos…

Por supuesto está incompletísimo, pero irá creciendo en la medida que avance en la lectura y vayan apareciendo más personajes o yo me adentre más en sus características. Por ahora, esto es lo que hay;

viernes, 19 de febrero de 2016

Murakami el hipnótico



Debo admitirlo, una de las decepciones más grandes que he tenido en el terreno de la literatura, lleva por nombre Haruki Murakami

En principio adentrarme en la literatura de este hombre no me llamaba para nada la atención, pero, espoleado por las numerosas recomendaciones, aplastado por la descomunal fama de sus novelas, sensibilizado por los ojos de perrito con pena con que aparece en las fotos (ver foto), agobiado por las conversaciones de pasillo que siempre contenían un "Murakami" dicho como en un susurro, como si de una palabra clave se tratase, al final acabé por preguntarme: ¿pero qué hago yo sin leer a este milagro?, ¿qué hago yo tan lejos, tan perdido del círculo sagrado?


miércoles, 10 de febrero de 2016

Reposiciones, nuevas adquisiciones...Y dolor

He tenido suerte, si es que puede llamarse así, y gracias a esa suerte es que puedo leer sin dificultades en tres idiomas y hacer champurreo lector en otra. Ventaja y desventaja a la vez, porque así el abanico se expande y cuando la suerte esquiva, la mala memoria o los desaciertos (a veces injustificables) de la industria editorial, nos dejan sin nuestro ejemplar de esa novela estupenda, vamos y la buscamos en otro idioma...Y la encontramos...Y la compramos.

El problema de ser lector y vivir en un país que no es el tuyo y cuya lengua comprendes todavía a tropezones (pura desidia, todo hay que decirlo), es que la dificultad para encontrar novelas en papel a un precio razonable, se duplica. Qué más quisiera yo que tener cerca una biblioteca pública para atiborrarme de novelas...Pero no, así que la biblioteca privada va creciendo y va exigiendo, cual familia numerosa y alegre, más integrantes a la fiesta.

viernes, 5 de febrero de 2016

Por qué no leen los que leen

La idea de escribir lo que sigue nace de la lectura de "Contra el fundamentalismo del lector", la última entrada del blog de Elena Rius NOTAS PARA LECTORES CURIOSOS. Una entrada donde la autora deja ver su suspicacia ante la avalancha de admoniciones positivistas en pro de los innumerables beneficios de la lectura, y donde se plantean asuntos interesantes y también un poco peliagudos, acerca de temas siempre presentes en el mundo del lector, como el valor de las cualidades funcionales de la lectura o la supuesta capacidad pontificadora de la literatura. Y, esto es lo que ha salido...

Jamás pensé que pondría una foto
de este hombre en mi blog...
Uno de los vástagos más robustos de la actual cultura pop es la mitificación de perogrulladas en base a un supuesto respaldo científico

Cosas como prefiera las verduras a la comida chatarra, haga ejercicio en lugar de estar todo el día con el culo en sillón, prefiera los alimentos con poca grasa a los que chorrean ácidos grasos saturados que da gusto y otras cosas del género de pronto requieren del respaldo de estudios hechos en prestigiosas universidades y del trabajo de decenas de científicos, como si el sentido común ya no fuese aval suficiente con que ir buscándose la vida.

miércoles, 3 de febrero de 2016

La flecha del tiempo (Martin Amis)

En 1967, cuando ya era amo y señor del vértice que forman el consumo de drogas, las visiones futuristas y la esquizofrenia paranoide, Philip K. Dick lanza al mundo otra de sus visiones; "Counter-clock Word" ("El mundo contra reloj"), una novela escrita sobre la paradoja del tiempo marcha atrásLa gente no come, regurgita; los excrementos no salen, entran. Los seres humanos vuelven a la vida en los cementerios con la ayuda de oscuras empresas dedicadas a proveer de servicios médicos y legales a quienes emiten subterráneos y desesperados gemidos desde las tumbas, y que al final (o al principio, según se mire), serán concebidos por parejas que sin necesidad del amor (puede que sin siquiera conocerse), estén dispuestas a dar origen a esa vieja-nueva vida en extinción. 

"Me llamo Tilly M. Benton y quiero salir de aquí", suplica la anciana sepultada bajo la hierba espesa de un cementerio abandonado, mientras el oficial Timbane, apostado junto a su tumba, empieza a entender que esa, será una noche muy larga.