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martes, 29 de diciembre de 2015

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 3)

Páginas 33 - 38. Edición Fábula TusQuets 2012. 
(Última actualización: Agosto 2026).

Parte 3: Sobre cuando Tyrone Slothrop no entra en escena...




    Es 1944, es Londres. Las labores de espionaje se tejen enredando a amigos y enemigos. Cualquiera puede ser un espía, incluso los más cercanos colaboradores. Teddy Bloatfotógrafo británico y compañero de Pirate en el hotel-refugio, se dispone a llevar a cabo una pequeña «travesura espía».

    En un húmedo mediodía invernal, Bloat se dirige hacia «una casa de tipo urbano, de piedra gris». En un macuto de piel de canguro esconde el kit básico de artilugios para espías; una cámara en miniatura, una lata de regaliz, un bote de emplasto para adherir bigotes... La mansión alberga a la ACHTUNG (Centro de evacuación, unidades técnicas, Alemania del norte), donde trabajan su amigo el teniente británico Oliver «Tantivy» Mucker- Maffick, y el teniente estadounidense Tyrone Slothrop.

    Al interior de las dependencias, en el despacho que comparten Tantivy y Slothrop, una serie de planos, notas y mapas con información clasificada, detallan los pormenores de la guerra.  

    Aprovechando la soledad de la oficina en hora de comida, Bloat se dispone a fotografiar con su cámara de espía un plano muy particular. Uno que es propiedad del teniente Slothrop. 

    Durante meses Slothrop ha ido cubriendo la superficie del mapa de Londres con estrellas de colores. Forman verdaderas constelaciones. Cada color está asociado al nombre de una mujer «plateado Darlene, verde Gladys, dorado Katharine...» detallando la compleja y nutrida vida social de Slothrop. 

    Pero ¿describen los colores y las estrellas únicamente el lugar de las conquistas y las citas amorosas de Slothrop? Tantivy cree que sí, aunque no deja de ser curioso que los cohetes caigan con demasiada frecuencia justo sobre los puntos que Slothrop ha marcado con estrellas...

    Creo que la dificultad que plantean pasajes como este, no se debe tanto a la prosa barroca o microscópica que es propia de Pynchon, sino al uso de la elipsis como una de sus principales herramienta narrativas. Lo que permite obviar una gran cantidad de información y acelera el ritmo. 

    Es como cuando repasas contigo mismo, de qué manera tal conversación, con tal persona, en tales circunstancias, te hizo llegar a tal conclusión: es decir, de forma intuitiva. El narrador no presenta los antecedentes ni explica las motivaciones o relaciones entre los hechos, sino que presenta las consecuencias como si el lector ya conociera el contexto.

    Es así como en sólo dos páginas (literalmente, páginas 36 y 37) se nos informa que Slothrop, aún siendo aliado, es vigilado de cerca por Bloat (quien probablemente sigue las órdenes del capitán Prentice). Que Tantivy compañero de oficina de Slothrop y amigo de la infancia de Bloat informa periódicamente a Bloat acerca de las conversaciones que mantiene con Slothrop, intentando extraer información tanto de él como de su mapa. Que tanto Tantivy como Bloat elaboran informes de Slothrop. Que Tantivy cree que se trata de simples excentricidades, en tanto que Bloat es algo más suspicaz. Que Slothrop... Es un hombre especial. 

    ¿Es imposible de entender? Ni mucho menos, pero te obliga a estar atento. Sobre todo si no quieres perderte el sinnúmero de preciosas metáforas con respecto de todo. Porque además de la elipsis y la velocidad, la narración es extremadamente orgánica. Todo evoca algo que se ubica en otro sitio, todo trae el recuerdo de otra cosa que no está allí. Y lo hace a través de evocaciones tan aromáticas y visuales, tan exquisitas, como los desayunos de bananas.  

    Tal vez por eso pongo cara de noséquémeestascontando cuando escucho que la prosa de El Arco Iris de Gravedad es fría...

    Pero volviendo al tema, que me lío. 

    Slothrop, un hombre misterioso. El contenido de su escritorio en la sede de la ACHTUNG es un jeroglífico de información sin codificar;


«Todo tipo de cosas han caído allí descuidadamente,  formando  capas, sobre  una  base  de  esmegma burocrático que se tamiza todo el rato hacia el fondo, compuesto de millones de minúsculos rizos rojos y pardos de goma de borrar, virutas de lápices, té seco y manchas de café, restos de azúcar y de leche, mucha ceniza de cigarrillos, despojos muy finos de cinta de máquina, engrudo, aspirinas que se desmenuzaron hasta convertirse en  polvo. Además,  gran  cantidad de  sujetapapeles,  piedras  de encendedor,  gomas  elásticas, grapas, colillas  de  cigarrillos  [...] cucharillas  de madera,  pastillas  para  la  tos,  es  decir, los famosos  Thayer Slippery Elm Throat Lozenges que la madre de Slothrop, Nalline, manda  desde  Massachusetts,  trozos  de  cinta magnetofónica, cordeles, pedazos de tiza…» (pág. 35)


Escritorio de Albert Einstein (Fotografía de Ralph Morse)
    Casi dos páginas de elementos que se enumeran para describir el contenido de una mesa. Así de simple. O puede que no tanto. ¿Qué sabemos de Tantivy? Tantivy es ordenado. Tantivy es un escritorio raso. Muy probablemente Tantivy no sea un espía. Slothrop en cambio se nos presenta como un océano de piezas des-ordenadas, una costra de sucesos sobre un rectángulo demasiado pequeño. 
    El catálogo sistematizado de sus pertenencias expone a ojos de Bloat todos los detalles de su desprotegida intimidad. No tenemos ninguna certeza con respecto de Slothrop, Slothrop aún no entra en escena, no ha pronunciado siquiera una sola línea, y sin embargo sabemos más de él por su escritorio y las estrellas de su mapa de lo que nunca sabremos del ojo que mira a través de la cámara.

    El atractivo de la enumeración reside en su capacidad de exponer de forma aparentemente sencilla, ordenada, fácil de comprender y por lo tanto, posible de resumir y de sistematizar todo el inventario de una vida. A simple vista, reduce algo que preferimos creer irreductible. De allí la extraña inquietud al observar la intimidad de un escritorio plagado de papeles.




domingo, 27 de diciembre de 2015

Sí que había huevos...

Hace algún tiempo, cuando comunicaba mi decisión de reseñar-resumir la novela de Pynchon "El arco iris de gravedad", comenzaba la entrada con el siguiente diálogo:

- A que no hay huevos de leer a Pynchon en el metro.
- No...no.


Pues ocurre que sí había...



La foto la he sacado de un grupo de facebook llamado "El arco iris de gravedad", un grupo que no registra movimiento desde hace ya varios meses y donde los usuarios comentaban pequeños detalles de la trama o datos curiosos relacionados con la novela. La foto en cuestión fue subida el 1 de octubre por un usuario de nombre Steven Nielsen quien no entrega más datos acerca de su origen, pero que de la novela asegura se trataría de la segunda mejor novela escrita en inglés. Me pregunto cuál considera él que es la primera.

De todas formas he querido compartirla, porque me ha parecido además de estupenda, un "zas en toda la boca" en toda regla. 

sábado, 10 de octubre de 2015

Punto Omega (2010), Don DeLillo

Tal vez fuera mala suerte, pero después de que Gaddis me arrastrase en ese brillante aparato dialéctico que es "Gótico Carpintero", de que Schwob deformara las verdades de unas vidas para hacerlas más reales en "Vidas Imaginariasy que es además precursora de novelas como "La historia de la Infamia" de Borges o la "La literatura Nazi en América" de Bolaño, y de que Cheever me mostrara cómo se deforman las cosas dentro y fuera de una cárcel en "Falconer", a mí que Don DeLillo venga a hablarme de la nada, el contenido de la nada y lo que hay antes o después del vacío, ha acabado por ponerme francamente mal.

Puede que el error haya sido leer Punto Omega justo después de haber vivido así las últimas semanas de mi vida; con el pelo suelto al viento, pasado de revoluciones, viviendo la vida loca en la literatura de altos vuelos, cuando me encuentro con Punto OmegaUna novela de la que nunca tuve muchas expectativas pero que siempre estaba ahí, siempre a la espera del momento oportuno. Y entonces empezaron las negociaciones; que venga, que hace tanto que la tienes, y que es tan breve, que ya es hora...¡Y ya está! La leo. La leo, y esas 150 páginas se hicieron más duras y más largas y exigieron más de mí que el propio desierto en el que transitan, aparecen y desaparecen, algunos de sus personajes. Venga que si no me hubiese propuesto escribir una entrada antes de empezarla, no me la acababa.

viernes, 21 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 2)

Páginas 26 - 33. Edición Fábula TusQuets 2012. 
(Última actualización: Agosto 2026).

Parte 2: Sobre el extraño talento del señor Geoffrey Pirate Prentice...




    Como se mencionó en la entrada anterior, el capitán Geoffrey Pirate Prentice  es poseedor de ciertos extraños talentos: uno es preparar los más variados manjares matutinos con bananas, el otro, mucho más interesante a ojos de quienes dirigen la guerra es lo de «meterse en las fantasías de los demás: puede, de hecho, asumir la carga de manipularlas» (pág. 26)


«No debemos preocuparnos por cuestiones como las de lo real o lo irreal»
(Geoffrey Pirate Prentice)

















    De sus dos habilidades Prentice domina y disfruta de la primera: el cultivo y la preparación de bananas se le dan estupendamente bien. Ante la segunda en cambio experimenta desconcierto e incomodidad. No sabe por qué la posee. No puede controlarla a voluntad. Sólo sabe que de pronto y sin aviso puede pasearse libremente por los deseos y sueños de otro. Puede, de hecho, llegar a controlarlos. Una valiosa capacidad, si de espionaje y control de información se trata...

    Su primera entrada a una fantasía es presentada en la página 28. En un único gran párrafo narrado de forma torrencial, saltando de una idea o escenario al siguiente, con múltiples referencias y cambiando de tiempo narrativo a voluntad. Así se describe lo que ocurre durante el primero de sus trances
La acción se inicia situando los hechos en el Periodo Kipling, en 1935, durante un operativo militar;

«Hombres bestialmente peludos hasta donde podía alcanzar la mirada, dracunculosis y llagas orientales cundiendo en la tropa, sin cerveza durante un mes…»(pág. 28)

Orcos guapos

    Este recuerdo o pensamiento (tal vez este deseo), en que se combinan operativos militares con recurrentes referencias sexuales, pertenece a uno de sus compañeros de escuadrón. Un soldado de nombre H.A.Loaf, un tipo de esos, no muy buena gente y que, como veremos más adelante, es demasiado inclinado a irse de la lengua:

«Esta fantasía no podía ser de nadie que no fuese H.A. Loaf. Había por lo menos un Loaf en cada grupo; era Loaf quien nunca se acordaba de que a los musulmanes no les gustaba que se les tomaran instantáneas en la calle…, era Loaf [...] quien se dirigía por su nombre de pila al sargento que mandaba la sección de policía militar» (pág. 29)

    Prentice comete el irreparable error de «verificar la fantasía con Loaf» y es así como «la Firma» una de las múltiples organizaciones aliadas secretas se entera del extraño talento del capitán.


    En tiempos de guerra ha de aprovecharse cualquier «talento negociable» y la Firma no dudará en utilizar cada fuerza, cada poder, cada don del que disponga dentro de sus filas para hacer frente al enemigo. Aunque dichos dones tomen la forma de extrañas capacidades o 
enigmáticos poderes, que deambulan entre el absurdo más rampante y la realidad más deforme y alucinógena. Aunque mucho más cercana a nuestra propia realidad de lo que tal vez nos gustaría reconocer. 

    Lo que en principio podría parecernos absurdo, deja de hacernos tanta gracia cuando tenemos en cuenta que  Hitler el mismo que arrasó Europa, orquestó una matanza y convenció a todo un pueblo de que el lebensraum era un derecho biológico y evolutivo era un asiduo consultor de mediums, adivinos y cartas astrales. Y que siguiendo el consejo de los astros y confiando en los poderes sobrenaturales de algunos de sus asesores, adoptó algunas de las decisiones políticas y militares más importantes de la historia. 

    Así visto, el que un soldado de ficción tenga la capacidad de introducirse y hasta manipular los deseos de otros, resulta bastante más creíble y considerablemente menos absurdo que las creencias de un hombre real, en un escenario real, en el que millones de personas perdieron la vida. 

    Todo lo anterior 
que transita entre la perplejidad y la parodia sobre un hecho terrible otorga cierta triste verosimilitud al personaje creado por Pynchon. Basta moverse un poco, cambiar la perspectiva ligeramente y lo que en un principio era fantástico o directamente absurdo, se torna en crítica, porque ha ocurrido de verdad. 

    En este sentido, el caso del Adenoides gigante aparece como otro de los elementos del absurdo que ayudan a construir la parodia. El adenoides uno de los elementos más recurrentes cuando de analizar El Arco Iris de Gravedad se trata  ha sido interpretado por muchos como una crítica a la guerra y a las fuerzas que promueven y aseguran su existencia. Ciencia, tecnología, medicina, psiquiatría, burocracia y jerarquía militar, hasta los propios civiles ridiculizados y minimizados ante la aparición de un adenoides gigante que asola las calles de Londres meses antes del inicio de la guerra. 


    El adenoides, proyectado a partir de un delirio febril sufrido por Lord Blatherard Osmo uno de los tantísimos extras que aparecen y desaparecen de la novela sin dejar rastro  aparece en el trance de Prentice como un monstruo linfático de proporciones increíbles, que avanza por Londres devorando todo a su paso, habitantes incluidos:

«Se trataba de un Adenoides gigante. Por lo menos tan grande como la catedral de San Pablo, y en constante crecimiento. Londres, quizá toda Inglaterra, se encontraba en peligro mortal» (pág. 30)

El gran dictador (Charles Chaplin, 1940)
    Hay quienes ven en el adenoides gigante una alusión directa a  la parodia hecha en la película El gran dictador (1940, Charles Chaplin), en que Adolf Hitler es personificado bajo el nombre de Adenoid Hynkel.

        Otras interpretaciones sugieren que el adenoides es el ejemplo perfecto del realismo grotesco, tanto a nivel físico (es tan grande como la catedral de San Pablo) como a nivel emocional. El adenoides doblega a los humanos. Los reduce a simple alimento destinado a nutrirle. Y contra el que de nada sirven la psicología, los avances de la ciencia y la farmacéutica, el equipo técnico o la maquinaria defensiva más sofisticada. Un adenoides que resiste incluso a un baño de cocaína «la nueva y maravillosa droga» que los científicos acarrean en cubos y que le tiran por los flancos, intentando destruirlo... 

    Y sus víctimas una tropa londinense lista para combatirlo en lugar de correr cada uno por su vida, son tragados sin gritos, de hecho, son devorados mientras ríen. 
«...ante las cámaras de magnesio de la Prensa, un horrible seudópodo repta hacia el cordón de tropas y, de repente, barre a todo un puesto de observación con un diluvio de repugnante mucosidad anaranjada, por la que los infortunados son tragados sin gritar, sino, de hecho, riendo, gozando…» (pág. 31)

    Múltiples interpretaciones sugieren que Pynchon sugiere con esto, que estamos desnudos ante lo desconocido. Que nos defendemos con armas de cartón ante la complejidad de maquinarias de destrucción masiva que nosotros mismos hemos creado. 

    En cualquier caso, la lectura de Pynchon supone sumergirse en una multitud de referencias políticas, sociales, psicológicas, literarias, etc. Tal vez tengamos que pasar por alto muchas de ellas. Tal vez incluso elijamos hacerlo así. Y lo que para algunos es una alusión al clásico antibelicista de los años cuarenta o una reflexión sobre la fragilidad del ego y las limitaciones del conocimiento humanopara otros no será más que el curioso relato de un adenoides gigante devorador de personas. 

    Pase y elija la que más le guste. 

    Cualquiera sea la elección, el caso es que el caso «Pirate - Osmo» como llegó a conocerse al enfrentamiento entre el Prentice y el adenoides es considerado por muchos como uno de los mejores y más representativos pasajes de la novela. Un Pynchon cien por cien. Cargado de ironía, rareza e ingenio. 

    Un melapelaabsolutamentetodo, en toda regla.

    






Reseña (larga) de El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon

Acá tienes todos los enlaces a las diferentes partes de la megareseña de El Arco iris de gravedad (Thomas Pynchon), que encontrarás en Hielo-9:


1) Parte 1 (páginas 13-25) Sobre la guerra, las bananas y los cielos de Londres. 
2) Parte 2 (páginas 25-33) Sobre el extraño talento del señor Geoffrey Pirate Prentice.
3) Parte 3 (páginas 34-38) Sobre el momento en que Tyrone Slothrop no entra en escena.
4) Parte 4 (páginas 39-52) Sobre el Impolex G, las V-2 y el pene de Slothrop.
5) Parte 5 (páginas 53-63) Sobre Roger Mexico, Jessica Swanlake y el pasado amoroso de Pirate Prentice. 
6) Parte 6 (páginas 64-70) Sobre el amor y la guerra.
7) Parte 7 (páginas 71-87) Sobre el nada espiritual Edward W.A Pointsman. 
8) Parte 8 (páginas 87-97) Sobre Mexico, el anti-Pointsman.
9) Parte 9 (páginas 98-113) Sobre el misterioso Kenosha Kid...
10) Parte 10 (páginas 113-115) Sobre el Kriptosan y el líquido seminal de Pirate Prentice. 
11) Parte 11 (páginas 115-131) Sobre La Visitación Blanca (The White Visitation), Ernest Pudding y otras paranoias puede que no tan paranoicas de Pynchon...
12) Parte 12 (páginas 132-145) Sobre tener que comérselo con patatas...
13) Parte 13 (páginas 146-177) Sobre el terrible capitán Blicero.
14) Parte 14 (páginas 177-187) Sobre Slothrop y el horror de las chuches británicas. 
15) Parte 15 (páginas 187-211) Sobre el amor en tiempos de guerra.

En constante remodelación...
Diccionario de personajes (parte 1)
Diccionario de personajes (parte 2)
Diccionario de personajes (parte 3)

Si quieres saber de qué va esto, clica acá



viernes, 7 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 1)

Páginas 13 - 25. Edición Fábula TusQuets 2012. 
(Última actualización: Agosto 2026).

Parte 1: Sobre la guerra, las bananas y los cielos de Londres.          





«Llega un grito a través del cielo.

Ya ha ocurrido otras veces, 

pero ahora no hay nada con qué compararlo» 

(página 13) 



    Lo que ruge en el cielo no es otra cosa que un cohete V-2 alemán. Comienza 
la evacuación en unas calles londinenses asediadas por el bombardeo. 

    Sabemos que la acción ocurre en Londres. Sabemos que es 1944. Sabemos que hay una guerra, aunque el escenario sea atemporal y cataclísmico, y bien podría situarse en cualquier otro tiempo y referente a cualquier amenaza humana, interplanetaria o celestial. 

    A nadie sorprendería que en lugar de Londres durante la Segunda Guerra Mundial, la acción se desarrollase, por ejemplo, en un Los Ángeles retrofuturista
de 2019.


Los Angeles City. Blade Runner (1982)



















Y lejos de diluirse, al avanzar la lectura la sensación de que todo ocurre el futuro más que en el presente se acentúa todavía más. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad (Thomas Pynchon), Reseña...larga.

Al final de la entrada anterior comentaba el propósito original de este blog: transcribir a modo de reseña, cuaderno o bitácora de notas, mis impresiones acerca de la novela El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon

Pocos hay que no conozcan su envergadura, su extensión es de mil ciento cuarenta y ocho páginas (2012, Fábula, Tusquets editores) y su contenido es, bueno...Pynchon. Y aunque ni lo uno ni lo otro es problema a la hora de leer, leer y reseñar son dos cosas muy diferentes. 

Hay quien afirma que reseñar El arco iris de gravedad es imposible, y sí, mucho me temo que es cierto. Ninguna reseña por extensa que sea, podría abarcar la totalidad del universo contenido en ella.

Pero yo quiero intentarlo como un ejercicio personal. No pretendo un análisis filosófico ni psicológico y ni tan siquiera un análisis literario por definición. Es simplemente un ejercicio personal, que espero sirva de ayuda a otros que como yo, quieren profundizar un poquito más en su lectura. 

Estas son las impresiones Las impresiones que causa Pynchon en un lector común y corriente, en este lector que soy yo. 

Pues nada, allá vamos. 

Enlaces a todas las entradas:


1) Parte 1 (páginas 13-25) Sobre guerra y bananas. 
2) Parte 2 (páginas 25-33) Sobre el extraño talento del señor Geoffrey Pirate Prentice.
3) Parte 3 (páginas 34-38) Sobre el momento en que Tyrone Slothrop no entra en escena.
4) Parte 4 (páginas 39-52) Sobre el Impolex G, las V-2 y el pene de Slothrop.
5) Parte 5 (páginas 53-63) Sobre Roger Mexico, Jessica Swanlake y el pasado amoroso de Pirate Prentice. 
6) Parte 6 (páginas 64-70) Sobre el amor y la guerra.
7) Parte 7 (páginas 71-87) Sobre el nada espiritual Edward W.A Pointsman. 
8) Parte 8 (páginas 87-97) Sobre Mexico, el anti-Pointsman.
9) Parte 9 (páginas 98-113) Sobre el misterioso Kenosha Kid...
10) Parte 10 (páginas 113-115) Sobre el Kriptosan y el líquido seminal de Pirate Prentice. 
11) Parte 11 (páginas 115-131) Sobre La Visitación Blanca (The White Visitation), Ernest Pudding y otras paranoias puede que no tan paranoicas de Pynchon... 
12) Parte 12 (páginas 132-145) Sobre tener que comérselo con patatas...
13) Parte 13 (páginas 146-177) Sobre el terrible capitán Blicero. 
14) Parte 14 (páginas 177-187) Sobre Slothrop y el horror de las chuches británicas. 
15) Parte 15 (páginas 187-211) Sobre el amor en tiempos de guerra.

En constante remodelación...
Diccionario de personajes (parte 1)
Diccionario de personajes (parte 2)
Diccionario de personajes (parte 3)

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martes, 4 de agosto de 2015

Pynchon, El arco irirs de gravedad; a que no hay huevos

- A que no hay huevos de leer a Pynchon en el metro.
- No...no.



Pynchon; maximalista, enciclopédico, paranoico, excéntrico, laberíntico, sumamente sensorial. Pynchon es la clase de escritor a la que la mayoría llega con temor. Su nombre se asocia a una larguísima lista de atributos que abarcan desde el simplemente genial hasta el francamente infumable, muy común este último en lectores entusiastas que espoleados por la crítica especializada y los cada vez más numerosos devotos pynchonianos, se adentran sin paracaídas ni red en los extraños vericuetos de este misterioso oriundo de Long Island.

Elevado por algunos al mismísimo nivel de Melville o Joyce, Pynchon es blanco de una avalancha siempre creciente de elogios. Cumple excentricidades incluidas— con todos los requisitos para ser considerado un autor de culto. Y mientras la crítica y los círculos intelectuales no escatiman en ponderaciones, nosotros vivimos presos del temor, observando casi siempre desde lejos, casi siempre desde otros ojos el enorme tamaño, la increíble estructura, la supuestamente inalcanzable complejidad de la demoledora maquinaria pynchoniana.

viernes, 24 de julio de 2015

Mono de Saki

Saki está bien, está muy bien, y no es extraño que aparezca de pronto, sobre todo si uno lleva una larga temporada pensando en fantasmas.

En fantasmas y en la Antología del Cuento Extraño (1976) que mencioné en una entrada anterior a propósito de un cuento de Beresford titulado el "El misántropo". En esa antología se encuentra también el cuento titulado "Laura" de Saki compartiendo escenario con cuentos de Beresford, Devaulx, Bierce, Borges y otra docena de escritores cuya temática navega entre lo curioso, lo raro, lo extraño y lo más extraño. 


Aunque "Laura" no sea su mejor cuento, en él converge todo lo que hace de Saki un buen autor si de territorios oscuros y de sus habitantes de trata. 

Reviso mis notas acerca del cuento. Veo que mi descripción de "Laura" es abundante. La lista de calificativos se encuentra justo después de mis impresiones sobre el cuento de Oliver Onions ("El buque fantasma"), impresiones que no sólo son breves sino que además acaban con la frase "me ha quitado las ganas de vivir..." en una agónica línea descendente...

martes, 21 de julio de 2015

El muro, Jordi Ribas (Traducción)

¿Qué queda si extirpamos la intencionalidad comercial a ciertas piezas publicitarias?. Si no somos demasiado aficionados a los laberintos idiomáticos en plan Perec, lo más probable es que nuestra respuesta sea; nada.

Corría el año 2004 cuando conocí a Jordi Ribas en Barcelona city, justo en medio (o más bien justo al lado) de una plaza fuertemente resguardada por palomas. Jordi Ribas es diseñador gráfico, escritor sin temor a palomas o a cualquier otra clase de pájaro y mi amigo, y hoy por hoy está embarcado en un interesante ejercicio de objetivos múltiples y premisas curiosas. Echando mano al trabajo de los diseñadores catalanes Ribas y Creus con quienes estuvo laboral y emocionalmente emparentado, muestra particulares piezas de publicidad despojadas, precisamente, de su afán publicitario. Lo que queda cuando se anula la funcionalidad de aparatos diseñados ex profeso para cumplir con esa tarea, y cómo, curiosamente, aumentan de peso a través de ese ejercicio disociativo. 

En la mayoría de los casos, muerto el producto, se extingue también el grafismo al que daba origen y sentido. Sin embargo, a veces, este último se gana el derecho de permanecer a flote, y lo hace eso sí, trastocado por el desplazamiento milimétrico, infinitesimal, que sufre todo aquello destinado a transformarse en una pequeña (o gran) pieza creativa.