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viernes, 21 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 2)

Páginas 26 - 33. Edición Fábula TusQuets 2012. 
(Última actualización: Agosto 2026).

Parte 2: Sobre el extraño talento del señor Geoffrey Pirate Prentice...




    Como se mencionó en la entrada anterior, el capitán Geoffrey Pirate Prentice  es poseedor de ciertos extraños talentos: uno es preparar los más variados manjares matutinos con bananas, el otro, mucho más interesante a ojos de quienes dirigen la guerra es lo de «meterse en las fantasías de los demás: puede, de hecho, asumir la carga de manipularlas» (pág. 26)


«No debemos preocuparnos por cuestiones como las de lo real o lo irreal»
(Geoffrey Pirate Prentice)

















    De sus dos habilidades Prentice domina y disfruta de la primera: el cultivo y la preparación de bananas se le dan estupendamente bien. Ante la segunda en cambio experimenta desconcierto e incomodidad. No sabe por qué la posee. No puede controlarla a voluntad. Sólo sabe que de pronto y sin aviso puede pasearse libremente por los deseos y sueños de otro. Puede, de hecho, llegar a controlarlos. Una valiosa capacidad, si de espionaje y control de información se trata...

    Su primera entrada a una fantasía es presentada en la página 28. En un único gran párrafo narrado de forma torrencial, saltando de una idea o escenario al siguiente, con múltiples referencias y cambiando de tiempo narrativo a voluntad. Así se describe lo que ocurre durante el primero de sus trances
La acción se inicia situando los hechos en el Periodo Kipling, en 1935, durante un operativo militar;

«Hombres bestialmente peludos hasta donde podía alcanzar la mirada, dracunculosis y llagas orientales cundiendo en la tropa, sin cerveza durante un mes…»(pág. 28)

Orcos guapos

    Este recuerdo o pensamiento (tal vez este deseo), en que se combinan operativos militares con recurrentes referencias sexuales, pertenece a uno de sus compañeros de escuadrón. Un soldado de nombre H.A.Loaf, un tipo de esos, no muy buena gente y que, como veremos más adelante, es demasiado inclinado a irse de la lengua:

«Esta fantasía no podía ser de nadie que no fuese H.A. Loaf. Había por lo menos un Loaf en cada grupo; era Loaf quien nunca se acordaba de que a los musulmanes no les gustaba que se les tomaran instantáneas en la calle…, era Loaf [...] quien se dirigía por su nombre de pila al sargento que mandaba la sección de policía militar» (pág. 29)

    Prentice comete el irreparable error de «verificar la fantasía con Loaf» y es así como «la Firma» una de las múltiples organizaciones aliadas secretas se entera del extraño talento del capitán.


    En tiempos de guerra ha de aprovecharse cualquier «talento negociable» y la Firma no dudará en utilizar cada fuerza, cada poder, cada don del que disponga dentro de sus filas para hacer frente al enemigo. Aunque dichos dones tomen la forma de extrañas capacidades o 
enigmáticos poderes, que deambulan entre el absurdo más rampante y la realidad más deforme y alucinógena. Aunque mucho más cercana a nuestra propia realidad de lo que tal vez nos gustaría reconocer. 

    Lo que en principio podría parecernos absurdo, deja de hacernos tanta gracia cuando tenemos en cuenta que  Hitler el mismo que arrasó Europa, orquestó una matanza y convenció a todo un pueblo de que el lebensraum era un derecho biológico y evolutivo era un asiduo consultor de mediums, adivinos y cartas astrales. Y que siguiendo el consejo de los astros y confiando en los poderes sobrenaturales de algunos de sus asesores, adoptó algunas de las decisiones políticas y militares más importantes de la historia. 

    Así visto, el que un soldado de ficción tenga la capacidad de introducirse y hasta manipular los deseos de otros, resulta bastante más creíble y considerablemente menos absurdo que las creencias de un hombre real, en un escenario real, en el que millones de personas perdieron la vida. 

    Todo lo anterior 
que transita entre la perplejidad y la parodia sobre un hecho terrible otorga cierta triste verosimilitud al personaje creado por Pynchon. Basta moverse un poco, cambiar la perspectiva ligeramente y lo que en un principio era fantástico o directamente absurdo, se torna en crítica, porque ha ocurrido de verdad. 

    En este sentido, el caso del Adenoides gigante aparece como otro de los elementos del absurdo que ayudan a construir la parodia. El adenoides uno de los elementos más recurrentes cuando de analizar El Arco Iris de Gravedad se trata  ha sido interpretado por muchos como una crítica a la guerra y a las fuerzas que promueven y aseguran su existencia. Ciencia, tecnología, medicina, psiquiatría, burocracia y jerarquía militar, hasta los propios civiles ridiculizados y minimizados ante la aparición de un adenoides gigante que asola las calles de Londres meses antes del inicio de la guerra. 


    El adenoides, proyectado a partir de un delirio febril sufrido por Lord Blatherard Osmo uno de los tantísimos extras que aparecen y desaparecen de la novela sin dejar rastro  aparece en el trance de Prentice como un monstruo linfático de proporciones increíbles, que avanza por Londres devorando todo a su paso, habitantes incluidos:

«Se trataba de un Adenoides gigante. Por lo menos tan grande como la catedral de San Pablo, y en constante crecimiento. Londres, quizá toda Inglaterra, se encontraba en peligro mortal» (pág. 30)

El gran dictador (Charles Chaplin, 1940)
    Hay quienes ven en el adenoides gigante una alusión directa a  la parodia hecha en la película El gran dictador (1940, Charles Chaplin), en que Adolf Hitler es personificado bajo el nombre de Adenoid Hynkel.

        Otras interpretaciones sugieren que el adenoides es el ejemplo perfecto del realismo grotesco, tanto a nivel físico (es tan grande como la catedral de San Pablo) como a nivel emocional. El adenoides doblega a los humanos. Los reduce a simple alimento destinado a nutrirle. Y contra el que de nada sirven la psicología, los avances de la ciencia y la farmacéutica, el equipo técnico o la maquinaria defensiva más sofisticada. Un adenoides que resiste incluso a un baño de cocaína «la nueva y maravillosa droga» que los científicos acarrean en cubos y que le tiran por los flancos, intentando destruirlo... 

    Y sus víctimas una tropa londinense lista para combatirlo en lugar de correr cada uno por su vida, son tragados sin gritos, de hecho, son devorados mientras ríen. 
«...ante las cámaras de magnesio de la Prensa, un horrible seudópodo repta hacia el cordón de tropas y, de repente, barre a todo un puesto de observación con un diluvio de repugnante mucosidad anaranjada, por la que los infortunados son tragados sin gritar, sino, de hecho, riendo, gozando…» (pág. 31)

    Múltiples interpretaciones sugieren que Pynchon sugiere con esto, que estamos desnudos ante lo desconocido. Que nos defendemos con armas de cartón ante la complejidad de maquinarias de destrucción masiva que nosotros mismos hemos creado. 

    En cualquier caso, la lectura de Pynchon supone sumergirse en una multitud de referencias políticas, sociales, psicológicas, literarias, etc. Tal vez tengamos que pasar por alto muchas de ellas. Tal vez incluso elijamos hacerlo así. Y lo que para algunos es una alusión al clásico antibelicista de los años cuarenta o una reflexión sobre la fragilidad del ego y las limitaciones del conocimiento humanopara otros no será más que el curioso relato de un adenoides gigante devorador de personas. 

    Pase y elija la que más le guste. 

    Cualquiera sea la elección, el caso es que el caso «Pirate - Osmo» como llegó a conocerse al enfrentamiento entre el Prentice y el adenoides es considerado por muchos como uno de los mejores y más representativos pasajes de la novela. Un Pynchon cien por cien. Cargado de ironía, rareza e ingenio. 

    Un melapelaabsolutamentetodo, en toda regla.

    






Reseña (larga) de El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon

Acá tienes todos los enlaces a las diferentes partes de la megareseña de El Arco iris de gravedad (Thomas Pynchon), que encontrarás en Hielo-9:


1) Parte 1 (páginas 13-25) Sobre la guerra, las bananas y los cielos de Londres. 
2) Parte 2 (páginas 25-33) Sobre el extraño talento del señor Geoffrey Pirate Prentice.
3) Parte 3 (páginas 34-38) Sobre el momento en que Tyrone Slothrop no entra en escena.
4) Parte 4 (páginas 39-52) Sobre el Impolex G, las V-2 y el pene de Slothrop.
5) Parte 5 (páginas 53-63) Sobre Roger Mexico, Jessica Swanlake y el pasado amoroso de Pirate Prentice. 
6) Parte 6 (páginas 64-70) Sobre el amor y la guerra.
7) Parte 7 (páginas 71-87) Sobre el nada espiritual Edward W.A Pointsman. 
8) Parte 8 (páginas 87-97) Sobre Mexico, el anti-Pointsman.
9) Parte 9 (páginas 98-113) Sobre el misterioso Kenosha Kid...
10) Parte 10 (páginas 113-115) Sobre el Kriptosan y el líquido seminal de Pirate Prentice. 
11) Parte 11 (páginas 115-131) Sobre La Visitación Blanca (The White Visitation), Ernest Pudding y otras paranoias puede que no tan paranoicas de Pynchon...
12) Parte 12 (páginas 132-145) Sobre tener que comérselo con patatas...
13) Parte 13 (páginas 146-177) Sobre el terrible capitán Blicero.
14) Parte 14 (páginas 177-187) Sobre Slothrop y el horror de las chuches británicas. 
15) Parte 15 (páginas 187-211) Sobre el amor en tiempos de guerra.

En constante remodelación...
Diccionario de personajes (parte 1)
Diccionario de personajes (parte 2)
Diccionario de personajes (parte 3)

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viernes, 7 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 1)

Páginas 13 - 25. Edición Fábula TusQuets 2012. 
(Última actualización: Agosto 2026).

Parte 1: Sobre la guerra, las bananas y los cielos de Londres.          





«Llega un grito a través del cielo.

Ya ha ocurrido otras veces, 

pero ahora no hay nada con qué compararlo» 

(página 13) 



    Lo que ruge en el cielo no es otra cosa que un cohete V-2 alemán. Comienza 
la evacuación en unas calles londinenses asediadas por el bombardeo. 

    Sabemos que la acción ocurre en Londres. Sabemos que es 1944. Sabemos que hay una guerra, aunque el escenario sea atemporal y cataclísmico, y bien podría situarse en cualquier otro tiempo y referente a cualquier amenaza humana, interplanetaria o celestial. 

    A nadie sorprendería que en lugar de Londres durante la Segunda Guerra Mundial, la acción se desarrollase, por ejemplo, en un Los Ángeles retrofuturista
de 2019.


Los Angeles City. Blade Runner (1982)



















Y lejos de diluirse, al avanzar la lectura la sensación de que todo ocurre el futuro más que en el presente se acentúa todavía más. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad (Thomas Pynchon), Reseña...larga.

Al final de la entrada anterior comentaba el propósito original de este blog: transcribir a modo de reseña, cuaderno o bitácora de notas, mis impresiones acerca de la novela El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon

Pocos hay que no conozcan su envergadura, su extensión es de mil ciento cuarenta y ocho páginas (2012, Fábula, Tusquets editores) y su contenido es, bueno...Pynchon. Y aunque ni lo uno ni lo otro es problema a la hora de leer, leer y reseñar son dos cosas muy diferentes. 

Hay quien afirma que reseñar El arco iris de gravedad es imposible, y sí, mucho me temo que es cierto. Ninguna reseña por extensa que sea, podría abarcar la totalidad del universo contenido en ella.

Pero yo quiero intentarlo como un ejercicio personal. No pretendo un análisis filosófico ni psicológico y ni tan siquiera un análisis literario por definición. Es simplemente un ejercicio personal, que espero sirva de ayuda a otros que como yo, quieren profundizar un poquito más en su lectura. 

Estas son las impresiones Las impresiones que causa Pynchon en un lector común y corriente, en este lector que soy yo. 

Pues nada, allá vamos. 

Enlaces a todas las entradas:


1) Parte 1 (páginas 13-25) Sobre guerra y bananas. 
2) Parte 2 (páginas 25-33) Sobre el extraño talento del señor Geoffrey Pirate Prentice.
3) Parte 3 (páginas 34-38) Sobre el momento en que Tyrone Slothrop no entra en escena.
4) Parte 4 (páginas 39-52) Sobre el Impolex G, las V-2 y el pene de Slothrop.
5) Parte 5 (páginas 53-63) Sobre Roger Mexico, Jessica Swanlake y el pasado amoroso de Pirate Prentice. 
6) Parte 6 (páginas 64-70) Sobre el amor y la guerra.
7) Parte 7 (páginas 71-87) Sobre el nada espiritual Edward W.A Pointsman. 
8) Parte 8 (páginas 87-97) Sobre Mexico, el anti-Pointsman.
9) Parte 9 (páginas 98-113) Sobre el misterioso Kenosha Kid...
10) Parte 10 (páginas 113-115) Sobre el Kriptosan y el líquido seminal de Pirate Prentice. 
11) Parte 11 (páginas 115-131) Sobre La Visitación Blanca (The White Visitation), Ernest Pudding y otras paranoias puede que no tan paranoicas de Pynchon... 
12) Parte 12 (páginas 132-145) Sobre tener que comérselo con patatas...
13) Parte 13 (páginas 146-177) Sobre el terrible capitán Blicero. 
14) Parte 14 (páginas 177-187) Sobre Slothrop y el horror de las chuches británicas. 
15) Parte 15 (páginas 187-211) Sobre el amor en tiempos de guerra.

En constante remodelación...
Diccionario de personajes (parte 1)
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martes, 4 de agosto de 2015

Pynchon, El arco irirs de gravedad; a que no hay huevos

- A que no hay huevos de leer a Pynchon en el metro.
- No...no.



Pynchon; maximalista, enciclopédico, paranoico, excéntrico, laberíntico, sumamente sensorial. Pynchon es la clase de escritor a la que la mayoría llega con temor. Su nombre se asocia a una larguísima lista de atributos que abarcan desde el simplemente genial hasta el francamente infumable, muy común este último en lectores entusiastas que espoleados por la crítica especializada y los cada vez más numerosos devotos pynchonianos, se adentran sin paracaídas ni red en los extraños vericuetos de este misterioso oriundo de Long Island.

Elevado por algunos al mismísimo nivel de Melville o Joyce, Pynchon es blanco de una avalancha siempre creciente de elogios. Cumple excentricidades incluidas— con todos los requisitos para ser considerado un autor de culto. Y mientras la crítica y los círculos intelectuales no escatiman en ponderaciones, nosotros vivimos presos del temor, observando casi siempre desde lejos, casi siempre desde otros ojos el enorme tamaño, la increíble estructura, la supuestamente inalcanzable complejidad de la demoledora maquinaria pynchoniana.