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jueves, 28 de enero de 2016

El arco iris de gravedad (parte 7)

Páginas 71-87

Parte 7 de la "reseña-resumen"             de "El arco iris de gravedad"               de Thomas Pynchon...



Al otro lado del Támesis Jessica y Mexico buscan a un viviseccionista. El viviseccionista es el doctor y pavloviano Edward W.A. Pointsman . Al llegar a su encuentro Jessica Swanlake y Roger Mexico descubren que una bomba V ha destrozado el laboratorio del doctor. Una escena frenética y divertida tendrá lugar en este momento, una que contrasta con la magnitud del desastre; todo se ha venido abajo, los objetos cotidianos se han vuelto peligrosos; cortantes, perforantes, amenazantes sobre las partes blandas de los cuerpos. Algunas de las cosas que hay quedado por allí también abren otra clase de heridas, íntimos deseos en la mente de Jessica. Es difícil caminar entre los escombros. 


"La bomba V, cuyas mutilaciones él rondaba, había derribado cuatro viviendas algunos días atrás, exactamente cuatro casas, con la misma precisión de una intervención  quirúrgica.  Se  percibe  el  suave  olor  a  madera doméstica  derribada  antes  de  tiempo,  a  cenizas  empapadas de lluvia."(página 72)



Casa en que nació Pavlov
La lluvia cae sobre los escombros, la noche es oscura y es fría, y para el perro que se esconde de las garras de Pointsmann entre los vericuetos del laboratorio destruido, huir, es un asunto de vida o muerte. Los perros (y puede que esto sólo sea una metáfora), son los elegidos para los experimentos pavlovianos del doctor Pointsmann. Los que caen en sus manos van por ahí con los músculos al aire, con catéteres que cuelgan al costado de sus caras, las mejillas y otras partes de sus cuerpos como campos de batalla y experimentación. Mexico ayuda a Pointsmann mientras Jessica, sin atreverse a pensar demasiado en destino del pobre animal, fuma y espera a que todo acabe.

No habrá suerte para Pointsmann. No al menos esta noche.

En este pasaje y el siguiente Pynchon continúa narrando desde la vista y el pensamiento. La sordidez y la intensidad del ambiente se transforman en diálogos íntimos que ocurren casi en susurros, secretos develados por voces interiores, narraciones en segunda persona. Los personajes se entrelazan, entran y salen limpiamente. Las frases tienen estructuras gramaticales poco usuales, aparecen cacofonías que, sin embargo, no alteran la fluidez ni la musicalidad. Todo lo contrario, la intensifican al alinearse con el entorno, al ser un reflejo del ambiente que pretenden describir. 


"Giran hacia el sur. Las luces brillan, acogedoras, en el tablero de mandos del coche. Los proyectores de vigilancia escudriñan el lluvioso cielo. El débil vehículo retiembla por las carreteras. Jessica va sumergiéndose en el sueño; cruje el asiento de cuero cuando ella se encoge. El limpiaparabrisas aparta la lluvia trazando rítmicos y brillantes semicírculos. Son más de las dos: hora de ir a casa."(página 78)




Luego del incidente del perro, Pointsman se dirige hacia el hospital de Santa Verónica, allí le espera el doctor Kevin Spectro. Entre ronda y ronda, mientras Spectro clava jeringuillas, atiende a los niños de la guerra y reparte frases tranquilizadoras y falsas, ambos se reúnen para hablar; de la guerra, de la muerte, de cómo experimentan con animales y personas, se cuestionan. se castigan; se justifican. Slothrop es un tema recurrente, ¿quién es?, ¿qué es?, ¿qué ley de la física desafía?; "¿Es realmente la explosión del cohete lo que Slothrop detecta, o es esta despolarización, esta "confusión" neurótica que llena las salas esta noche?". Incluso para ellos, Slothrop es un misterio.

Aquella noche la mente de Pointsman transita también por otros territorios. Escucha a los niños durmiendo en la sala contigua; sus quejidos apagados, sus palabras a media voz, su necesidad de consuelo, mientras su alma se llena de una sensación "nada espiritual", del deseo inenarrable de meterse en sus camas. Sí, Pointsman tiene mucho en que pensar. Los imagina envueltos en sus "sábanas virginales", los ve llegar en trenes a la estación de Santa Verónica, los espera, los observa, los engaña con su amabilidad. No habrá suerte para Pointsman aquella noche, pero otros trenes llegarán, decenas de otros cargamentos de niños perdidos, hambrientos y desconsolados se detendrán en la estación, y Pointsman estará allí para darles la bienvenida.







martes, 19 de enero de 2016

Adiós hermano mío (John Cheever)

Igual como surgió la idea de reseñar a Pynchon para entender-lo mejor, rondaba por mi cabeza la idea de reseñar ciertos relatos para entender-me mejor. 

En general, los motivos de por qué nos gusta un relato saltan a la vista; una historia interesante, un estilo sugerente, una estructura particular, o incluso, la perspectiva inusual de algo que hasta entonces nos había pasado desapercibido; la idea irresistible de que un paraguas, puede ser mucho más que un paraguas. Pero no siempre es tan sencillo. A veces las razones se ocultan, pasan por estados y sensaciones difícilmente transferibles a palabras. Y, claro, sumergirse allí, en la oscuridad del sótano en busca de respuestas, aparece como un ejercicio interesante y revelador.

Es así como ofrezco la lista de mis pilares fundamentales. El porqué-cómo-cuando de mis inclinaciones en el terreno del cuento. Los títulos son numerosos, los autores son dispares, todo ha sido terreno fértil para decodificar la realidad a través del microscopio del relato corto; desde los lejanos cortázares de mi juventud hasta mis más recientes updikes, acá están todos, a ver qué sale.

1) "Adiós, hermano mío" 
(John Cheever); 

Ante el desafío de desenmarañar las caprichosas explosiones de mis neuronas por el derrotero de los cuentos, John Cheever y su "Adiós, hermano mío" aparecieron en mi cabeza como una terrible detonación. Y eso, señores, ha de significar algo.  

Así al menos lo propone Henry A. Murray, el psicólogo estadounidense a quien le debemos el ingenio de la T.A.T. Una prueba proyectiva para revelar ocultos dobleces de la psique mediante la contemplación de una serie de láminas. 

Las láminas, todas ellas, nos transmiten una extraña sensación de inquietud y oscuridad. La ausencia de color, los bordes desdibujados, la comunicación no verbal de los individuos en ellas representados, nos invitan a elucubrar, a adentrarnos en el terreno de nuestro yo más oculto. Aunque a primera vista inofensivas, las escenas se trastocan a la luz de nuestras sombras en crueldades y culpas, temores y miserias, odios e hipocresías. Lo implícito como decodificador de subconscientes enterrados. 

Y entonces Cheever, experto exhumador, nos presenta sus láminas; personajes que con su lenguaje no verbal, no paran de transmitir desde las profundidades. 

El lienzo de las imágenes superpuestas por Cheever configura a los Pommeroy, una familia de burgueses que pasa las vacaciones de verano en su casa de la playa. La reunión servirá a los Pommeroy para congregar a la familia desunida por los lances de la vida. Los cuatro hermanos, sus esposas, y la madre el padre ha muerto en un accidente marino cuando los hijos todavía eran pequeños (primera lámina), se dan cita en una de las islas de Massachusetts. Hermano-narrador, Chaddy, Lawrence, Diana y la Madre, con Lawrence desempeñando el papel de elemento desestabilizador.

Aunque en principio el encuentro es íntimo invita a bajar los brazos y dejarse llevar, el ambiente ante la llegada de Lawrence es tenso. Las mujeres (Diana y la madre) dan la bienvenida al más pequeño de los hermanos con extravagante entusiasmo. Vestidas con sus mejores prendas, adornadas con todas sus joyas, anticipan el golpe, se ocultan bajo una armadura de amabilidad, pero Lawrence es inmune a la cortesía, no está dispuesto a negociar; 

"Tifty, ¿no te parece fabulosa la playa? preguntó mamá
¿No es maravilloso haber vuelto?
¿Quieres un Martini?
No  me  interesa  dijo  Lawrence.
 Whisky,  gin…  no  me  importa  lo  que  bebo.   
Sírveme un poco de ron."

Lawrence reniega de sus juegos, critica sus costumbres, rechaza todas sus ofrendas de paz. Para él cualquier pasatiempo de la familia es motivo de discordia. Recela de sus hermanos en el juego del backgammon, mientras, desde una lejanía temerosa y mezquina, usa los lances del juego para ventilar los trapos sucios de la familia. Asiste a una fiesta de disfraces sin disfraz. 

Y sin embargo nunca se aleja. Tampoco lo hace cuando la familia se entrega a la contemplación de la noche y de la playa, a la conversación intrascendente que Lawrence asegura detestar, al disfrute de sus cócteles y cigarrillos, aunque ya nadie le invite a quedarse, aunque todos esperen que se vaya. Se queda incluso cuando todos asumen que se irá a la cama, que se meterá en un cuarto, que se apagará de una vez por todas, Lawrence persiste, obstinado y rencoroso, como el recordatorio de un presente que se niegan a aceptar;

"Imagina que se gastaron miles de dólares
para lograr que una casa sólida pareciese una ruina
dijo Lawrence.
Imagina la actitud mental que eso implica.
Imagina que el deseo de vivir en el pasado es tan intenso que uno paga a los carpinteros para desfigurar la puerta principal."

¿Y qué nos queda entonces?, ¿qué hay entre el pasado autocomplaciente repleto de triunfos desvaídos y el presente sin ninguna promesa?. Al final, el hermano-narrador lo resuelve con un impulso primitivo.

"Adiós, hermano mío" es el retrato del fracaso personal, de una clase social, de una nación entera, y que encajaría a la perfección con las palabras que Harold Bloom dedica a la novela "Mientras agonizo" de Faulkner; "Un retrato catastrófico de la condición humana, con la familia nuclear como la catástrofe más terrible". Porque aunque sus protagonistas no transiten por un desierto vivo de agua y fuego para sepultar el cadáver de la madre, lo mismo cargan con inmisericordes y viejas culpas, sostienen el peso del rencor, atan y desatan sus deudas, luchan por mantenerse unidos mientras la casa de la playa cual reflejo de su propia historia, peligra ante la amenaza de las aguas. La epopeya de un grupo de burgueses empeñados en mantener los rituales que les retrotraen a un tiempo que sueñan mejor, capaces incluso de envejecer los muebles, la casa misma, con tal de negarse al fracaso del presente.

En "Adiós, hermano mío" desprenderse del cadáver metafórico del hermano, tal vez marque para los Pommeroy el lenitivo respiro que se esconde detrás de ciertas muertes. Pero no hay esperanza para ellos, sólo un bienestar pasajero reflejado en los cuerpos desnudos de dos mujeres que abandonan el mar.

Y ahora, de frente a este lienzo de luchas y despojos, de caretas alegres y transmisiones ocultas desde la profundidad, dígame; ¿qué ve usted en esta lámina..?




jueves, 14 de enero de 2016

El arco iris de gravedad (parte 6)

Páginas 64-70

Parte 6 de la "reseña-resumen" de la novela "El arco iris de gravedad" de Thomas Pynchon...


No hay amores como los amores de la guerra. Inmediatez y brevedad, impotencia y arranques de celos, un tercero en discordia, la muerte acechando las ventanas por las que se adivina el bulto fundido de los cuerpos de Jessica Swanlake y Roger Mexico sobre la cama.



Los amantes aprovechan cualquier momento para estar solos. Mexico experimenta intensos arranques de celos, utiliza pueriles y rencorosos juegos de palabras para desvirtuar la imagen de su competidor, Beaver, el novio oficial de Jessica, como trastocar su nombre por el de otra alimaña, le llama "Nutria" ("Beaver" en inglés significa "castor"). Ante la ineficacia de sus estratagemas se desespera, agita las manos al interior del coche en el que Jessica y él se dirigen en misión especial hacia el sur del Támesis, a encontrarse con un viviseccionista de primera categoría. Y Jessica, la silueta de Jessica...

"El rostro de Jessica, sobre el fondo de vaho condensado en el cristal de la ventanilla, se ha convertido en otra nebulosidad, en otro truco luminoso del invierno. Más allá de su silueta, pasa la blanca fractura de la lluvia"(página 64)

Tiempo atrás, Jessica y Mexico se conocieron gracias a un cohete, el maravilloso estruendo de un cohete (Lo suficientemente lejano, hacia la ciudad, para sentirse a salvo, pero lo bastante próximo y ruidoso como para hacer que Jessica decidiera refugiarse en el coche de Mexico)...


"Y  hubo  momentos,  también  recientes  la  mayoría  de  ellos, momentos en que, cara-a-cara, no hubo modo de saber quién-era-
quién. Sentían al mismo tiempo la misma extraña confusión…, algo 
así como mirarse por sorpresa en un espejo, pero…, más que eso, 
el sentimiento de estar realmente unidos… cuando después de…,
¿quién sabe?, ¿dos minutos?, ¿una semana?, comprendían, ya otra 
vez  separados,  lo  que  estuvo  ocurriendo:  que  Roger  y  Jessica 
estuvieron fundidos en un único ser inconsciente de sí mismo… En 
una vida que él ha maldecido, una y otra vez, por su necesidad de 
creer  en  lo  transobservable.  He  aquí  la  primera,  la primerísima magia auténtica: datos que él no puede rebatir.
"
 (página 65)


Mexico temía, Mexico sigue temiendo de que Jessica le vea sólo como un frío hombre de ciencias, como la excepción decepcionante del grupo de estrafalarios talentos paranormales de la que México forma parte; "La Visitación Blanca". Mexico no es un clarividente, no es un viajero astral, no conecta con el otro mundo en viajes de desdoblamiento, Mexico es un simple estadístico intentando decodificar a números el incomprensible mensaje de las ouijas. Es un hijo de la guerra. Es tan joven y hace tanto tiempo que la guerra ha comenzado...

Jessica y Mexico han visto decenas de cadáveres, han visto el consumirse de las casas devoradas por el fuego, el reflejo de tantas llamas amarillas que ambos han dejado de contar, y ahora, en una especie de tregua contestataria, se refugian en una casa al sur de Londres en la zona de paso prohibido. Durante sus encuentros al menos uno de los dos jamás se olvida de llevar flores. Corren el riesgo y mantendrán posiciones sin importar lo que suceda. Están enamorados. A la mierda la guerra.










viernes, 8 de enero de 2016

El arco iris de gravedad (parte 5)

Páginas 53-63

Parte 5 "reseña-resumen"                    de "El arco iris de gravedad"                 de  Thomas Pynchon...


La tierra sigue temblando. Bajo el estallido de las bombas, ocultos en la oscuridad, hombres y mujeres se congregan para poner en marcha los rituales de la guerra. En los rincones oscuros de un Londres que lucha por seguir resistiendo al bombardeo nazi, la vida, el amor y la guerra, se hacen en las calles (en ocasiones al mismo tiempo). 

En algún lugar de las inmediaciones, en una habitación semioscura, se describe la escena de un insólito ritual de espiritismo. Los cuatro elementos aseguran la estabilidad del círculo sagrado; "Roland Feldspath (el espíritu), Peter  Sachsa  (el  control), Carroll Eventyr  (el  médium), Selena (la esposa y sobreviviente)(página 55).

En la habitación contigua el estadístico Milton Gloaming se afana en las ecuaciones para la construcción de un vocabulario de curvas a partir de las palabras aparecidas en la ouija. Jessica Swanlake le acompaña. Jessica Swanlake se agita bajo el jersey de lana marrón y pregunta a Gloaming cuál es la palabra que más se repite. Obviamente, la palabra que más se repite es "muerte".

Jessica espera, dardos en mano y la impaciencia oprimiéndole el pecho, el regreso de su amante Roger Mexico.

Además del espiritismo la noche londinense incluye juegos de dados, paseos al romántico temblor de las bombas lejanas, intercambios de compañía, amor e información. La espera siempre es tensa aunque no se espere nada. Las bombas nazis convierten cada minuto en el que podría ser el último. Y sin embargo ni las bombas ni la oscuridad ni el temor les harán morir antes de tiempo. Londinenses y extranjeros se reúnen y transitan, se buscan y se encuentran "con fines no del todo al servicio de los intereses militares".

jueves, 7 de enero de 2016

El arco iris de gravedad (parte 4)

Páginas 39-52

Parte 4 "reseña-resumen" de       "El arco iris de gravedad" de    Thomas Pynchon...



Luego de la incursión espía de Teddy Bloat a la oficina del teniente Tyrone Slothrop , la acción sigue los pasos de éste último. 

Teniente estadounidense, miembro de la ACHTUG, introspectivo y solitario, Slothrop se perfila como uno de los personajes más interesantes y complejos de "Beyone the zone", la primera parte de la novela. Es además uno de los personajes más conocidos de Pynchon. Manipulado por los artífices de la guerra Slothrop es la metáfora de la deshumanización, del hombre reducido y sometido por un poder inalcanzable e incontrolable. Cuando era pequeño y en un intento de los nazis por diseñar nuevas armas para la guerra, la mente y el cuerpo de Slothrop fueron condicionados otorgándole lo que se ha descrito como una "hilarante reacción", esto es; sufrir de incontenibles erecciones ante la cercanía de las bombas V-2 alemanas. 




En la contraportada de la edición Fábula (2012) se lee lo siguiente;

"Tyrone Slothrop, un militar norteamericano que trabaja para la inteligencia aliada en Londres, 1944, padece un grave problema: cada vez que cae una de las bombas autopropulsadas alemanas V-2, él tiene una erección. De niño Slothrop fue sometido a experimentos pavlovianos por el profesor de Harvard Lazlo Jamf, un loco científico alemán que trabaja para los nazis. Lazlo inventó el Imipolex G, un nuevo aislante para cohetes, y condicionó las partes pudendas de Tyrone para que respondieran a la presencia de ese nuevo material . Ahora, ya adulto, nuestro protagonista no puede evitar sentir la presencia del Imipolex en las bombas, y sus superiores están investigándolo. En una Alemania devastada por la guerra. Tyrone se enfrenta a legiones de extraños enemigos, de los que tendrá que huir haciendo cabriolas."

Una contraportada que, como todas las contraportadas, hace hincapié en los aspectos más llamativos y comercializables de la novela, pero que se queda corta a la hora de describir al teniente... Porque así dicho pareciera como si todo girara en torno a la "hilarante" historia de un soldado preso de un absurdo condicionamiento pavloviano, no obstante, Slothrop es además un ser profundamente solo, aislado y a la deriva en una realidad que está muy lejos de comprender y de la que no puede sentirse parte.