El hielo-9 , en cantidades suficientes, podría aniquilar todo rastro de vida en la tierra.
martes, 5 de mayo de 2015
Fragmentos de "On the road" (1957), Jack Kerouac
Kerouac, el más representativo de los exponentes de la beat generation, escribe en 1957 su particular manifiesto de la libertad "En el camino" ("On the road") como respuesta a la preocupación por la amenaza nuclear, a la lucha por mantener los valores de la sociedad, a la necesidad de mostrar al mundo entero el perfil más convencionalista de Estados Unidos. Fuera de los márgenes de una estructura definida, la prosa de Kerouac es, en sí misma, desenfadada y libertaria, no se ajusta a lo establecido, no hace ni dice ni lo dice de la forma acostumbrada, concentra el espíritu con el que miles de jóvenes de los años 60 se sintieron identificados, y que más tarde los impulsaría a la búsqueda de la felicidad a través del sexo, las drogas, la música y la amistad.
martes, 28 de abril de 2015
Fragmentos de "El lamento de Portnoy" (1969), Philip Roth
"Portnoy's complaint" o "El lamento de Portnoy" (1969) es, fuera de toda duda, una novela galvánica. Que se lo digan si no al mismo Roth quien —por ésta y por casi todas las novelas que le siguieron- fue acusado entre otras cosas de antisemita y misógino. ¿Valió la pena?, y tanto, Roth es grande entre los grandes y nadie mejor que él y Alexander Portnoy para desarticular los complejos mecanismos de la culpa, de la rabia contenida. Nadie como Roth para amalgamar el lamento existencial con el humor, para mostrarnos como ha de lamentarse uno, pero bien.
Otros fragmentos de la novela (editorial DEBOLSILLO, 2012);
"La ubicuidad de mi madre y el estreñimiento de mi padre, mi madre entrando en vuelo por la ventana, mi padre leyendo en el periódico de la tarde con un supositorio metido en el culo… Éstas, doctor, son las impresiones más antiguas que de mis padres tengo, de sus atributos y secretos" (página 11)
"De manera que mi madre se sienta a mi lado con un largo cuchillo de cortar pan en la mano. Es de acero inoxidable y tiene pequeños dientes de sierra. ¿Qué quiero ser? ¿Fuerte o débil, hombre o ratón? " (página 23)
"Ni se me pasaba por la cabeza que se pudiera uno beber un vaso de leche con el sándwich de salami sin ofender a Dios Todopoderoso. Imagínese, entonces, las broncas que no me echaría la conciencia, cuando empezó lo de las pajas. El sentido de culpabilidad, los temores. ¡Se me metió el terror en los tuétanos! ¿Qué había en su mundo, el de mi madre y mi padre, que no estuviera cargado de peligro, chorreando gérmenes, lleno de riesgo? ¿Para cuándo dejaban el entusiasmo, la osadía, el valor? ¿Quién había transmitido a mis padres semejante sentido de la vida, tan timorato? " (página 43)
lunes, 20 de abril de 2015
Fragmento de "Lolita" (1955), Vladimir Nabokov
En 1955 Vladimir Nabokov publica su novela más polémica y conocida "Lolita", en ella relata la obsesión de un hombre por las "nínfulas": niñas de entre nueve a trece años que despiertan en el protagonista (Humbert Humbert) una enloquecedora atracción. Según él no es la belleza ni la fragilidad lo que eleva a la niña al sitial de nínfula sino su naturaleza ambigua, esa mezcla de tierna y soñadora puerilidad.
Criticada, acusada de obscena, repudiada, ensalzada y admirada, "Lolita" merece todas esas reacciones. Luego de ser rechazado por varias editoriales, Nabokov consigue su publicación por una editorial parisina especializada en temática erótica y pornográfica.
El estilo, cargado de detalles y descripciones, se traduce en un ambiente vívido repleto de imágenes. El párrafo de inicio es una muestra no sólo del estilo barroco de Nabokov, sino que resume en unas pocas líneas, la arrebatadora pasión que desencadena en Humbert Humbert el raro magnetismo de una nínfula;
"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía.
Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos
desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero,
Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos
desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero,
en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta."
Las nínfulas;
"¿Son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. De lo contrario, quienes supiéramos el secreto, nosotros, los viajeros solitarios, los ninfulómanos, habríamos enloquecido hace mucho tiempo. Tampoco es la belleza una piedra de toque; y la vulgaridad –o al menos lo que una comunidad determinada considera como tal– no daña forzosamente ciertas características misteriosas, la gracia letal, el evasivo, cambiante, trastornador, insidioso encanto mediante el cual la nínfula se distingue de esas contemporáneas suyas que dependen incomparablemente más del mundo espacial de fenómenos sincrónicos que de esa isla intangible de tiempo hechizado donde Lolita juega con sus semejantes. Dentro de los mismos límites temporales, el número de verdaderas nínfulas es harto inferior al de las jovenzuelas provisionalmente feas, o tan sólo agradables, o «simpáticas», o hasta «bonitas» y «atractivas», comunes, regordetas, informes, de piel fría, niñas esencialmente humanas, vientrecitos abultados y trenzas, que acaso lleguen a transformarse en mujeres de gran belleza (pienso en los toscos budines con medias negras y sombreros blancos que se convierten en deslumbrantes estrellas cinematográficas). Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girlscouts, no siempre señalará a la nínfula. Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo (¡oh, cómo tiene uno que rebajarse y esconderse!), para reconocer de inmediato, por signos inefables –el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación, la vergüenza y las lágrimas de ternura me prohíben enumerar–, al pequeño demonio mortífero entre el común de las niñas; y allí está, no reconocida e ignorante de su fantástico poder." (Humbert Humbert)
martes, 14 de abril de 2015
Fragmentos de "El misántropo" (1918), J.D. Beresford
Este fragmento forma parte del primero de los cuatro tomos de relatos de la colección "Antología del Cuento Extraño" (1976, Ediciones Tauro). Los cuentos en ella reunidos fueron seleccionados, traducidos y prologados por el mismísimo Rodolfo Walsh. "El misántropo" abre el primero de los tomos, y en él se relata la historia de un hombre con una capacidad particular a la par que terrible, tanto, como para obligarlo a permanecer recluido en un islote. Allí piensa y observa, allí vive alejado del mundo intentando olvidar aquel oscuro don que desearía jamás haber recibido.
"Después que volví del islote y discutí el caso en sus distintos aspectos, empecé a preguntarme si aquel hombre no me habría tomado por tonto. Pero, en lo más profundo de mi conciencia, creo que no. Sin embargo, no puedo resistirme a la influencia de las risas que ha despertado mi relato. Aquí, en tierra firme, todo parece improbable, grotesco, estúpido. Pero en el islote la confesión de ese hombre resultaba absolutamente convincente. El escenario es todo, y quizá yo deba agradecer que las circunstancias que actualmente me rodean sean tan favorables a la normalidad. Nadie aprecia más que yo el misterio de la vida; pero cuando ese misterio implica dudar de uno mismo, me resulta más agradable olvidarlo."
Tal como el mismo Walsh señala en el prólogo, además de ser un relato estupendo y de ser ampliamente elogiado por la crítica "El misántropo" recibe también el honor del plagio. El plagiador, un sacerdote de nombre Leonardo Castellani, incluyó en su libro "Martita Ofelia y otros cuentos" (1944), un relato que tiene no sólo idéntico nombre, sino además el mismo tema, la misma trama y muchas de sus frases copiadas de forma textual.
lunes, 13 de abril de 2015
Fragmentos de "A la espera de la oscuridad" (1956), Alejandra Pizarnik
El poema "A la espera de la oscuridad" pertenece al libro "La última inocencia",
el segundo de la autora publicado en 1956.
Belleza sencilla, belleza brutal, un dolor amplificado por el paso y el peso de sus días, y sin embargo Alejandra Pizarnik no era la niña temerosa inmovilizada por el terror, esa manía de vivir, esa realidad que la desarmaba cada día era la misma que por las noches, la impulsaba a reconstruirse nuevamente .
Pizarnik siempre trabajaba de noche, leí alguna vez por ahí.
A la espera de la oscuridad
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo, desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
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