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jueves, 28 de enero de 2016

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 7)

Páginas 71-87 (última actualización en marzo de 2019).

Parte 7: Sobre el nada espiritual Edward W.A. Pointsman.



Al otro lado del Támesis Jessica y Mexico buscan a un viviseccionista; el doctor y pavloviano Edward W.A. Pointsman. Al llegar a su encuentro Jessica Swanlake y Roger Mexico descubren que una bomba V ha destrozado el laboratorio del doctor. Una frenética y divertida escena tendrá lugar en este momento, una que contrasta con la magnitud del desastre; todo se ha venido abajo, los objetos cotidianos se han vuelto peligrosos, cortantes, perforantes, amenazantes sobre las partes blandas de los cuerpos. 

Algunas de las cosas que han quedado por allí también abren otra clase de heridas, íntimos deseos en la mente de Jessica. Es difícil caminar entre los escombros. 


"La bomba V, cuyas mutilaciones él rondaba, había derribado cuatro viviendas algunos días atrás, exactamente cuatro casas, con la misma precisión de una intervención  quirúrgica.  Se  percibe  el  suave  olor  a  madera doméstica  derribada  antes  de  tiempo,  a  cenizas  empapadas de lluvia."(página 72)



Casa en que nació Pavlov
Llueve, la noche es oscura y es fría, y para el pobre perro que se esconde entre los escombros del laboratorio destruido, huir es un asunto de vida o muerte. 

Los perros (y puede que esto sólo sea una metáfora), son los elegidos para los experimentos pavlovianos del doctor Pointsmann. Los que caen en sus manos van por ahí con los músculos al aire, con catéteres que cuelgan al costado de sus caras, las mejillas y otras partes de sus cuerpos como campos de batalla y de experimentación. Mexico ayuda a Pointsmann a acorralar al perro mientras Jessica, sin atreverse a pensar demasiado en destino del pobre animal, fuma y espera a que todo acabe.

No habrá suerte para Pointsmann. No al menos esta noche.

En este pasaje el narrador continúa el relato desde la vista y el pensamiento. La sordidez y la intensidad del ambiente se describen a través de diálogos íntimos que ocurren casi en susurros, secretos develados por voces interiores, narraciones en segunda persona. Aparecen estructuras gramaticales poco usuales y cacofonías que, sin embargo, no alteran la fluidez ni la musicalidad de las frases. Todo lo contrario, la intensifican al alinearse con el entorno, al ser un reflejo del ambiente que pretenden describir. 


"Giran hacia el sur. Las luces brillan, acogedoras, en el tablero de mandos del coche. Los proyectores de vigilancia escudriñan el lluvioso cielo. El débil vehículo retiembla por las carreteras. Jessica va sumergiéndose en el sueño; cruje el asiento de cuero cuando ella se encoge. El limpiaparabrisas aparta la lluvia trazando rítmicos y brillantes semicírculos. Son más de las dos: hora de ir a casa."(página 78)




Luego del incidente del perro Pointsman se dirige hacia el hospital de Santa Verónica, allí le espera el doctor Kevin Spectro. Entre ronda y ronda, mientras Spectro clava jeringuillas, atiende a los niños de la guerra y reparte frases tranquilizadoras y falsas, ambos se reúnen para hablar; de la guerra, de la muerte, de cómo experimentan con animales y personas, se cuestionan, se castigan; se justifican. Slothrop es un tema recurrente, ¿quién es?, ¿qué es?, ¿a qué ley de la física desafía?; ¿Es realmente la explosión del cohete lo que Slothrop detecta, o es esta despolarización, esta "confusión" neurótica que llena las salas esta noche?. Para ellos como para nosotros, Slothrop es un misterio.

Aquella noche la mente de Pointsman transita también por otros territorios. Escucha a los niños durmiendo en la sala contigua; sus quejidos apagados, sus palabras a media voz, su necesidad de consuelo, mientras su alma se llena de una sensación nada espiritual, del deseo inenarrable de meterse en sus camas. 

Sí, Pointsman tiene mucho en que pensar. Pointsman imagina a los niños de la guerra envueltos en sus sábanas virginales, los ve llegar en trenes a la estación de Santa Verónica, los espera, los observa, los engaña con su amabilidad. Tal vez aquella noche tampoco haya suerte en eso para Pointsman, pero otros trenes llegarán, decenas de otros cargamentos de niños perdidos, hambrientos y desconsolados se detendrán en la estación, y Pointsman estará allí para darles la bienvenida.







martes, 19 de enero de 2016

Adiós hermano mío (John Cheever)

    Igual como surgió la idea de reseñar a Pynchon para entender-lo mejor, he pensado en reseñar ciertos cuentos para entender-me mejor. 

    En general, los motivos de por qué nos gusta un cuento saltan a la vista; una historia interesante, un estilo sugerente, una estructura particular, o incluso, la perspectiva inusual de algo que hasta entonces nos había pasado desapercibido; la idea de que un paraguas, puede ser mucho más que un paraguas. 

    Pero no siempre es tan sencillo. A veces las razones se ocultan, pasan por estados y sensaciones difícilmente transferibles a palabras. Y, claro, sumergirse allí, aparece como un ejercicio interesante y revelador.

    Es por eso que ofrezco aquí la lista de mis pilares fundamentales, que son además mis recomendaciones de lectura en el terreno del cuento. 

    Los títulos son numerosos, los autores son dispares. Todo terreno fértil para decodificar la realidad a través del microscopio del relato corto; desde los lejanos cortázares de mi juventud hasta mis más recientes updikes, acá están todos. A ver qué sale...

jueves, 14 de enero de 2016

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 6)

Páginas 64-70 (última actualización en marzo de 2019).

 Parte 6: Sobre el amor y la guerra.


No hay amores como los amores de la guerra. Inmediatez y brevedad, impotencia y arranques de celos, un tercero en discordia, la muerte acechando las ventanas por las que se adivina el bulto fundido de los cuerpos de Jessica Swanlake y Roger Mexico sobre la cama.



Los amantes aprovechan cualquier momento para estar solos. Mexico experimenta intensos ataques de celos, utiliza pueriles y rencorosos juegos de palabras para desvirtuar la imagen de su competidor Beaver, el novio oficial de Jessica, como trastocar su nombre por el de otra alimaña, le llama Nutria ("Beaver" en inglés significa "castor"). Ante la ineficacia de sus estratagemas se desespera, agita las manos al interior del coche en el que Jessica y él se dirigen en misión especial hacia el sur del Támesis, a encontrarse con un viviseccionista de primera categoría. Y Jessica, la silueta de Jessica...

"El rostro de Jessica, sobre el fondo de vaho condensado en el cristal de la ventanilla, se ha convertido en otra nebulosidad, en otro truco luminoso del invierno. Más allá de su silueta, pasa la blanca fractura de la lluvia"(página 64)

Jessica y Mexico se conocieron gracias a un cohete, el maravilloso estruendo de un cohete lo suficientemente lejano, hacia la ciudad, para sentirse a salvo, pero lo bastante próximo y ruidoso como para hacer que Jessica decidiera refugiarse en el coche de Mexico...


"Y  hubo  momentos,  también  recientes  la  mayoría  de  ellos, momentos en que, cara-a-cara, no hubo modo de saber quién-era-
quién. Sentían al mismo tiempo la misma extraña confusión…, algo 
así como mirarse por sorpresa en un espejo, pero…, más que eso, 
el sentimiento de estar realmente unidos… cuando después de…,
¿quién sabe?, ¿dos minutos?, ¿una semana?, comprendían, ya otra 
vez  separados,  lo  que  estuvo  ocurriendo:  que  Roger  y  Jessica 
estuvieron fundidos en un único ser inconsciente de sí mismo… En 
una vida que él ha maldecido, una y otra vez, por su necesidad de 
creer  en  lo  transobservable.  He  aquí  la  primera,  la primerísima magia auténtica: datos que él no puede rebatir.
"
 (página 65)


Mexico teme que Jessica le vea sólo como un frío hombre de ciencias, como la excepción decepcionante del grupo de estrafalarios talentos paranormales de la que México forma parte; La Visitación Blanca. Mexico no es un clarividente, no es un viajero astral, no conecta con el otro mundo en viajes de desdoblamiento, Mexico no es más que un estadístico común y corriente intentando decodificar a números el incomprensible mensaje de las ouijas. Es un hijo de la guerra. Es tan joven y hace tanto tiempo que la guerra ha comenzado...

Juntos han visto decenas de cadáveres, han visto el consumirse de las casas devoradas por el fuego, el reflejo de tantas llamas amarillas que ambos han dejado de contar, y ahora, en una especie de tregua contestataria, se refugian en una casa al sur de Londres en la zona de paso prohibido. Durante sus encuentros al menos uno de los dos jamás se olvida de llevar flores. Corren el riesgo y mantendrán posiciones sin importar lo que suceda. Están enamorados. A la mierda la guerra.










viernes, 8 de enero de 2016

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 5)

Páginas 53-63 (última actualización en marzo de 2019).

Parte 5: Sobre Roger Mexico, Jessica Swanlake y el pasado amoroso de Pirate Prentice.



La tierra sigue temblando. Bajo el estallido de las bombas, ocultos en la oscuridad, hombres y mujeres se congregan para poner en marcha los rituales de la guerra. En los oscuros rincones de un Londres que lucha por seguir resistiendo al bombardeo nazi, la vida, el amor y la guerra, se hacen en las calles, en ocasiones al mismo tiempo. 

En algún lugar de las inmediaciones, en una habitación semioscura, se describe la escena de un insólito ritual de espiritismo. Los cuatro elementos aseguran la estabilidad del círculo sagrado; "Roland Feldspath (el espíritu), Peter  Sachsa  (el  control), Carroll Eventyr  (el  médium), Selena (la esposa y sobreviviente)(página 55).

En la habitación contigua al ritual, el estadístico Milton Gloaming se afana en las ecuaciones para la construcción de un vocabulario de curvas a partir de las palabras aparecidas en la ouija. Jessica Swanlake le acompaña. Jessica Swanlake se agita bajo el jersey de lana marrón y pregunta a Gloaming cuál es la palabra que más se repite. Obviamente, la palabra que más se repite es muerte.

Jessica espera, dardos en mano y la impaciencia oprimiéndole el pecho, el regreso de su amante Roger Mexico.

Además del espiritismo la noche londinense incluye juegos de dados, paseos al romántico temblor de las bombas lejanas, intercambios de compañía, amor e información. La espera siempre es tensa aunque no se espere nada. Las bombas nazis convierten cada minuto en el que podría ser el último. Y sin embargo ni las bombas ni la oscuridad ni el temor les harán morir antes de tiempo, londinenses y extranjeros se reúnen y transitan, se buscan y se encuentran con fines no del todo al servicio de los intereses militares.

jueves, 7 de enero de 2016

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 4)

Páginas 39 - 52. Edición Fábula TusQuets 2012. 
(Última actualización: Agosto 2026).

Parte 4: Sobre el mapa y el pene de Slothrop.



    Luego de la incursión espía de Teddy Bloat a la oficina del teniente Tyrone Slothrop, la acción sigue los pasos de éste último. 

    Teniente estadounidense, miembro de la ACHTUG, introspectivo y solitario, Slothrop se perfila como uno de los personajes más interesantes y complejos de «Beyone the zone», la primera parte de la novela. Es además uno de los personajes más conocidos de Pynchon.
    Manipulado por los artífices de la guerra Slothrop es la metáfora de la deshumanización, del hombre reducido y sometido. Cuando era pequeño y en un intento de los nazis por diseñar nuevas armas para la guerra, la mente y el cuerpo de Slothrop fueron condicionados otorgándole lo que se ha descrito como una hilarante reacción, esto es; sufrir de incontenibles erecciones ante la cercanía de las bombas V-2 alemanas. 

    Preso del terror, asqueado de la muerte y unido para siempre a la maquinaria de la guerra debido a su incontrolable reflejo pavloviano, Slothrop se mueve como a control remoto. Busca entre los escombros de las explosiones, mientras intenta burlar a la soledad acompañándose de un sin fin de chicas londinenses que casi nunca vuelve a ver. 

    La chicas, son las estrellas en el mapa de su despacho; los colores, el estado de ánimo que tiene el día en que las conoce, «desde el azul hasta el dorado» (jamás podría clasificarlas de ninguna forma, para él «son todas tan hermosas...»). El mismo mapa que Bloat fotografía con su cámara en miniatura para asegurarse de que Slothrop no es un espía, el mismo que el teniente Tantivy observa con curiosidad, mientras consuela a Slothrop cuando éste cae en al suelo, preso del terror que le produce la llegada de otro cohete. 

    Tantivy es el único que hasta cierto punto comprende el aislamiento de Slotrhop e intenta ayudarlo. Y Slothrop se sorprende cada vez, porque cuando es realmente necesario, Tantivy no lo abandona.
«Más o menos en la misma época, Tantivy  comenzó  a  comprender  el  alcance  del  aislamiento  de  Slothrop. Parecía no tener a nadie más en Londres con quien hablar de cualquier cosa, salvo una multitud de muchachas a las que rara vez volvía a ver tras el primer encuentro» (pg. 42)

    Slothrop es el designado por la ACHTUNG («el pariente pobre del servicio de información aliado»), para investigar el impacto de los cohetes al estallar. Su función no es otra que...

«...salir a buscar los excrementos de la bestia, fragmentos o piezas de la bomba alemana inencontrables, y escribir informes vacíos en sus libretas de notas...» (pg. 45)



    La mañana en que Slothrop divisa al capitán Prentice es por la explosión prematura de un cohete en el aire. Al llegar al sitio una fuerte barrera militar le impide el paso. Habrá poco que informar. La única pieza que ha logrado sobrevivir es un cilindro de unos quince centímetros de largo y cinco de diámetro que probablemente contenga documentos en su interior. Pero no descubre nada más, porque todo acaba cuando Prentice coge el cilindro y se marcha sin explicar nada a nadie. 

    El único consuelo de Slothrop es la llegada de la orden que le destina a una nueva misión en el hospital de East End, como parte del Programa de Pruebas de la PWE. Slothrop se pregunta qué nuevo e inútil programa será ese. Slothrop sufre de una profunda desconfianza hacia la burocracia, hacia la innumerable lista de organizaciones, departamentos, programas, cargos y grados de la cadena de mando, destinados más que a salvar vidas, a mantener bien aceitados los engranajes de la oscura criatura bélica. 




    Y después, luego de un breve recorrido sobre la torcida genealogía de Slothrop, del momentáneo calor que le producen las chicas londinenses a las que frecuenta y de su priapismo a las 6:43:16, doble hora británica del verano, acaba esta breve radiografía de su vida;
"Así es como ocurre siempre… Sí, la gran mano brillante saliendo de la nube…(página 52)



martes, 29 de diciembre de 2015

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 3)

Páginas 33 - 38. Edición Fábula TusQuets 2012. 
(Última actualización: Agosto 2026).

Parte 3: Sobre cuando Tyrone Slothrop no entra en escena...




    Es 1944, es Londres. Las labores de espionaje se tejen enredando a amigos y enemigos. Cualquiera puede ser un espía, incluso los más cercanos colaboradores. Teddy Bloatfotógrafo británico y compañero de Pirate en el hotel-refugio, se dispone a llevar a cabo una pequeña «travesura espía».

    En un húmedo mediodía invernal, Bloat se dirige hacia «una casa de tipo urbano, de piedra gris». En un macuto de piel de canguro esconde el kit básico de artilugios para espías; una cámara en miniatura, una lata de regaliz, un bote de emplasto para adherir bigotes... La mansión alberga a la ACHTUNG (Centro de evacuación, unidades técnicas, Alemania del norte), donde trabajan su amigo el teniente británico Oliver «Tantivy» Mucker- Maffick, y el teniente estadounidense Tyrone Slothrop.

    Al interior de las dependencias, en el despacho que comparten Tantivy y Slothrop, una serie de planos, notas y mapas con información clasificada, detallan los pormenores de la guerra.  

    Aprovechando la soledad de la oficina en hora de comida, Bloat se dispone a fotografiar con su cámara de espía un plano muy particular. Uno que es propiedad del teniente Slothrop. 

    Durante meses Slothrop ha ido cubriendo la superficie del mapa de Londres con estrellas de colores. Forman verdaderas constelaciones. Cada color está asociado al nombre de una mujer «plateado Darlene, verde Gladys, dorado Katharine...» detallando la compleja y nutrida vida social de Slothrop. 

    Pero ¿describen los colores y las estrellas únicamente el lugar de las conquistas y las citas amorosas de Slothrop? Tantivy cree que sí, aunque no deja de ser curioso que los cohetes caigan con demasiada frecuencia justo sobre los puntos que Slothrop ha marcado con estrellas...

    Creo que la dificultad que plantean pasajes como este, no se debe tanto a la prosa barroca o microscópica que es propia de Pynchon, sino al uso de la elipsis como una de sus principales herramienta narrativas. Lo que permite obviar una gran cantidad de información y acelera el ritmo. 

    Es como cuando repasas contigo mismo, de qué manera tal conversación, con tal persona, en tales circunstancias, te hizo llegar a tal conclusión: es decir, de forma intuitiva. El narrador no presenta los antecedentes ni explica las motivaciones o relaciones entre los hechos, sino que presenta las consecuencias como si el lector ya conociera el contexto.

    Es así como en sólo dos páginas (literalmente, páginas 36 y 37) se nos informa que Slothrop, aún siendo aliado, es vigilado de cerca por Bloat (quien probablemente sigue las órdenes del capitán Prentice). Que Tantivy compañero de oficina de Slothrop y amigo de la infancia de Bloat informa periódicamente a Bloat acerca de las conversaciones que mantiene con Slothrop, intentando extraer información tanto de él como de su mapa. Que tanto Tantivy como Bloat elaboran informes de Slothrop. Que Tantivy cree que se trata de simples excentricidades, en tanto que Bloat es algo más suspicaz. Que Slothrop... Es un hombre especial. 

    ¿Es imposible de entender? Ni mucho menos, pero te obliga a estar atento. Sobre todo si no quieres perderte el sinnúmero de preciosas metáforas con respecto de todo. Porque además de la elipsis y la velocidad, la narración es extremadamente orgánica. Todo evoca algo que se ubica en otro sitio, todo trae el recuerdo de otra cosa que no está allí. Y lo hace a través de evocaciones tan aromáticas y visuales, tan exquisitas, como los desayunos de bananas.  

    Tal vez por eso pongo cara de noséquémeestascontando cuando escucho que la prosa de El Arco Iris de Gravedad es fría...

    Pero volviendo al tema, que me lío. 

    Slothrop, un hombre misterioso. El contenido de su escritorio en la sede de la ACHTUNG es un jeroglífico de información sin codificar;


«Todo tipo de cosas han caído allí descuidadamente,  formando  capas, sobre  una  base  de  esmegma burocrático que se tamiza todo el rato hacia el fondo, compuesto de millones de minúsculos rizos rojos y pardos de goma de borrar, virutas de lápices, té seco y manchas de café, restos de azúcar y de leche, mucha ceniza de cigarrillos, despojos muy finos de cinta de máquina, engrudo, aspirinas que se desmenuzaron hasta convertirse en  polvo. Además,  gran  cantidad de  sujetapapeles,  piedras  de encendedor,  gomas  elásticas, grapas, colillas  de  cigarrillos  [...] cucharillas  de madera,  pastillas  para  la  tos,  es  decir, los famosos  Thayer Slippery Elm Throat Lozenges que la madre de Slothrop, Nalline, manda  desde  Massachusetts,  trozos  de  cinta magnetofónica, cordeles, pedazos de tiza…» (pág. 35)


Escritorio de Albert Einstein (Fotografía de Ralph Morse)
    Casi dos páginas de elementos que se enumeran para describir el contenido de una mesa. Así de simple. O puede que no tanto. ¿Qué sabemos de Tantivy? Tantivy es ordenado. Tantivy es un escritorio raso. Muy probablemente Tantivy no sea un espía. Slothrop en cambio se nos presenta como un océano de piezas des-ordenadas, una costra de sucesos sobre un rectángulo demasiado pequeño. 
    El catálogo sistematizado de sus pertenencias expone a ojos de Bloat todos los detalles de su desprotegida intimidad. No tenemos ninguna certeza con respecto de Slothrop, Slothrop aún no entra en escena, no ha pronunciado siquiera una sola línea, y sin embargo sabemos más de él por su escritorio y las estrellas de su mapa de lo que nunca sabremos del ojo que mira a través de la cámara.

    El atractivo de la enumeración reside en su capacidad de exponer de forma aparentemente sencilla, ordenada, fácil de comprender y por lo tanto, posible de resumir y de sistematizar todo el inventario de una vida. A simple vista, reduce algo que preferimos creer irreductible. De allí la extraña inquietud al observar la intimidad de un escritorio plagado de papeles.




domingo, 27 de diciembre de 2015

Sí que había huevos...

Hace algún tiempo, cuando comunicaba mi decisión de reseñar-resumir la novela de Pynchon "El arco iris de gravedad", comenzaba la entrada con el siguiente diálogo:

- A que no hay huevos de leer a Pynchon en el metro.
- No...no.


Pues ocurre que sí había...



La foto la he sacado de un grupo de facebook llamado "El arco iris de gravedad", un grupo que no registra movimiento desde hace ya varios meses y donde los usuarios comentaban pequeños detalles de la trama o datos curiosos relacionados con la novela. La foto en cuestión fue subida el 1 de octubre por un usuario de nombre Steven Nielsen quien no entrega más datos acerca de su origen, pero que de la novela asegura se trataría de la segunda mejor novela escrita en inglés. Me pregunto cuál considera él que es la primera.

De todas formas he querido compartirla, porque me ha parecido además de estupenda, un "zas en toda la boca" en toda regla. 

sábado, 10 de octubre de 2015

Punto Omega (2010), Don DeLillo

Tal vez fuera mala suerte, pero después de que Gaddis me arrastrase en ese brillante aparato dialéctico que es "Gótico Carpintero", de que Schwob deformara las verdades de unas vidas para hacerlas más reales en "Vidas Imaginariasy que es además precursora de novelas como "La historia de la Infamia" de Borges o la "La literatura Nazi en América" de Bolaño, y de que Cheever me mostrara cómo se deforman las cosas dentro y fuera de una cárcel en "Falconer", a mí que Don DeLillo venga a hablarme de la nada, el contenido de la nada y lo que hay antes o después del vacío, ha acabado por ponerme francamente mal.

Puede que el error haya sido leer Punto Omega justo después de haber vivido así las últimas semanas de mi vida; con el pelo suelto al viento, pasado de revoluciones, viviendo la vida loca en la literatura de altos vuelos, cuando me encuentro con Punto OmegaUna novela de la que nunca tuve muchas expectativas pero que siempre estaba ahí, siempre a la espera del momento oportuno. Y entonces empezaron las negociaciones; que venga, que hace tanto que la tienes, y que es tan breve, que ya es hora...¡Y ya está! La leo. La leo, y esas 150 páginas se hicieron más duras y más largas y exigieron más de mí que el propio desierto en el que transitan, aparecen y desaparecen, algunos de sus personajes. Venga que si no me hubiese propuesto escribir una entrada antes de empezarla, no me la acababa.

viernes, 21 de agosto de 2015

El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 2)

Páginas 26 - 33. Edición Fábula TusQuets 2012. 
(Última actualización: Agosto 2026).

Parte 2: Sobre el extraño talento del señor Geoffrey Pirate Prentice...




    Como se mencionó en la entrada anterior, el capitán Geoffrey Pirate Prentice  es poseedor de ciertos extraños talentos: uno es preparar los más variados manjares matutinos con bananas, el otro, mucho más interesante a ojos de quienes dirigen la guerra es lo de «meterse en las fantasías de los demás: puede, de hecho, asumir la carga de manipularlas» (pág. 26)


«No debemos preocuparnos por cuestiones como las de lo real o lo irreal»
(Geoffrey Pirate Prentice)

















    De sus dos habilidades Prentice domina y disfruta de la primera: el cultivo y la preparación de bananas se le dan estupendamente bien. Ante la segunda en cambio experimenta desconcierto e incomodidad. No sabe por qué la posee. No puede controlarla a voluntad. Sólo sabe que de pronto y sin aviso puede pasearse libremente por los deseos y sueños de otro. Puede, de hecho, llegar a controlarlos. Una valiosa capacidad, si de espionaje y control de información se trata...

    Su primera entrada a una fantasía es presentada en la página 28. En un único gran párrafo narrado de forma torrencial, saltando de una idea o escenario al siguiente, con múltiples referencias y cambiando de tiempo narrativo a voluntad. Así se describe lo que ocurre durante el primero de sus trances
La acción se inicia situando los hechos en el Periodo Kipling, en 1935, durante un operativo militar;

«Hombres bestialmente peludos hasta donde podía alcanzar la mirada, dracunculosis y llagas orientales cundiendo en la tropa, sin cerveza durante un mes…»(pág. 28)

Orcos guapos

    Este recuerdo o pensamiento (tal vez este deseo), en que se combinan operativos militares con recurrentes referencias sexuales, pertenece a uno de sus compañeros de escuadrón. Un soldado de nombre H.A.Loaf, un tipo de esos, no muy buena gente y que, como veremos más adelante, es demasiado inclinado a irse de la lengua:

«Esta fantasía no podía ser de nadie que no fuese H.A. Loaf. Había por lo menos un Loaf en cada grupo; era Loaf quien nunca se acordaba de que a los musulmanes no les gustaba que se les tomaran instantáneas en la calle…, era Loaf [...] quien se dirigía por su nombre de pila al sargento que mandaba la sección de policía militar» (pág. 29)

    Prentice comete el irreparable error de «verificar la fantasía con Loaf» y es así como «la Firma» una de las múltiples organizaciones aliadas secretas se entera del extraño talento del capitán.


    En tiempos de guerra ha de aprovecharse cualquier «talento negociable» y la Firma no dudará en utilizar cada fuerza, cada poder, cada don del que disponga dentro de sus filas para hacer frente al enemigo. Aunque dichos dones tomen la forma de extrañas capacidades o 
enigmáticos poderes, que deambulan entre el absurdo más rampante y la realidad más deforme y alucinógena. Aunque mucho más cercana a nuestra propia realidad de lo que tal vez nos gustaría reconocer. 

    Lo que en principio podría parecernos absurdo, deja de hacernos tanta gracia cuando tenemos en cuenta que  Hitler el mismo que arrasó Europa, orquestó una matanza y convenció a todo un pueblo de que el lebensraum era un derecho biológico y evolutivo era un asiduo consultor de mediums, adivinos y cartas astrales. Y que siguiendo el consejo de los astros y confiando en los poderes sobrenaturales de algunos de sus asesores, adoptó algunas de las decisiones políticas y militares más importantes de la historia. 

    Así visto, el que un soldado de ficción tenga la capacidad de introducirse y hasta manipular los deseos de otros, resulta bastante más creíble y considerablemente menos absurdo que las creencias de un hombre real, en un escenario real, en el que millones de personas perdieron la vida. 

    Todo lo anterior 
que transita entre la perplejidad y la parodia sobre un hecho terrible otorga cierta triste verosimilitud al personaje creado por Pynchon. Basta moverse un poco, cambiar la perspectiva ligeramente y lo que en un principio era fantástico o directamente absurdo, se torna en crítica, porque ha ocurrido de verdad. 

    En este sentido, el caso del Adenoides gigante aparece como otro de los elementos del absurdo que ayudan a construir la parodia. El adenoides uno de los elementos más recurrentes cuando de analizar El Arco Iris de Gravedad se trata  ha sido interpretado por muchos como una crítica a la guerra y a las fuerzas que promueven y aseguran su existencia. Ciencia, tecnología, medicina, psiquiatría, burocracia y jerarquía militar, hasta los propios civiles ridiculizados y minimizados ante la aparición de un adenoides gigante que asola las calles de Londres meses antes del inicio de la guerra. 


    El adenoides, proyectado a partir de un delirio febril sufrido por Lord Blatherard Osmo uno de los tantísimos extras que aparecen y desaparecen de la novela sin dejar rastro  aparece en el trance de Prentice como un monstruo linfático de proporciones increíbles, que avanza por Londres devorando todo a su paso, habitantes incluidos:

«Se trataba de un Adenoides gigante. Por lo menos tan grande como la catedral de San Pablo, y en constante crecimiento. Londres, quizá toda Inglaterra, se encontraba en peligro mortal» (pág. 30)

El gran dictador (Charles Chaplin, 1940)
    Hay quienes ven en el adenoides gigante una alusión directa a  la parodia hecha en la película El gran dictador (1940, Charles Chaplin), en que Adolf Hitler es personificado bajo el nombre de Adenoid Hynkel.

        Otras interpretaciones sugieren que el adenoides es el ejemplo perfecto del realismo grotesco, tanto a nivel físico (es tan grande como la catedral de San Pablo) como a nivel emocional. El adenoides doblega a los humanos. Los reduce a simple alimento destinado a nutrirle. Y contra el que de nada sirven la psicología, los avances de la ciencia y la farmacéutica, el equipo técnico o la maquinaria defensiva más sofisticada. Un adenoides que resiste incluso a un baño de cocaína «la nueva y maravillosa droga» que los científicos acarrean en cubos y que le tiran por los flancos, intentando destruirlo... 

    Y sus víctimas una tropa londinense lista para combatirlo en lugar de correr cada uno por su vida, son tragados sin gritos, de hecho, son devorados mientras ríen. 
«...ante las cámaras de magnesio de la Prensa, un horrible seudópodo repta hacia el cordón de tropas y, de repente, barre a todo un puesto de observación con un diluvio de repugnante mucosidad anaranjada, por la que los infortunados son tragados sin gritar, sino, de hecho, riendo, gozando…» (pág. 31)

    Múltiples interpretaciones sugieren que Pynchon sugiere con esto, que estamos desnudos ante lo desconocido. Que nos defendemos con armas de cartón ante la complejidad de maquinarias de destrucción masiva que nosotros mismos hemos creado. 

    En cualquier caso, la lectura de Pynchon supone sumergirse en una multitud de referencias políticas, sociales, psicológicas, literarias, etc. Tal vez tengamos que pasar por alto muchas de ellas. Tal vez incluso elijamos hacerlo así. Y lo que para algunos es una alusión al clásico antibelicista de los años cuarenta o una reflexión sobre la fragilidad del ego y las limitaciones del conocimiento humanopara otros no será más que el curioso relato de un adenoides gigante devorador de personas. 

    Pase y elija la que más le guste. 

    Cualquiera sea la elección, el caso es que el caso «Pirate - Osmo» como llegó a conocerse al enfrentamiento entre el Prentice y el adenoides es considerado por muchos como uno de los mejores y más representativos pasajes de la novela. Un Pynchon cien por cien. Cargado de ironía, rareza e ingenio. 

    Un melapelaabsolutamentetodo, en toda regla.