Parte 3: Sobre cuando Tyrone Slothrop no entra en escena...
Es 1944, es Londres. Las labores de espionaje se tejen enredando a amigos y enemigos. Cualquiera puede ser un espía, incluso los más cercanos colaboradores. Teddy Bloat, fotógrafo británico y compañero de Pirate en el hotel-refugio, se dispone a llevar a cabo una pequeña «travesura espía».
En
un húmedo mediodía invernal, Bloat se dirige hacia «una
casa de tipo urbano, de piedra gris».
En un macuto de piel de canguro esconde el kit básico de
artilugios para espías; una cámara en miniatura, una lata de
regaliz, un bote de emplasto para adherir bigotes... La mansión
alberga a la ACHTUNG (Centro
de evacuación, unidades técnicas, Alemania del norte), donde trabajan su amigo el teniente británico Oliver «Tantivy» Mucker- Maffick, y el teniente estadounidense Tyrone Slothrop.Al interior de las dependencias, en el despacho que comparten Tantivy y Slothrop, una serie de planos, notas y mapas con información clasificada, detallan los pormenores de la guerra.
Aprovechando la soledad de la oficina en hora de comida, Bloat se dispone a fotografiar con su cámara de espía un plano muy particular. Uno que es propiedad del teniente Slothrop.
Durante meses Slothrop ha ido cubriendo la superficie del mapa de Londres con estrellas de colores. Forman verdaderas constelaciones. Cada color está asociado al nombre de una mujer «plateado Darlene, verde Gladys, dorado Katharine...» detallando la compleja y nutrida vida social de Slothrop.
Pero ¿describen los colores y las estrellas únicamente el lugar de las conquistas y las citas amorosas de Slothrop? Tantivy cree que sí, aunque no deja de ser curioso que los cohetes caigan con demasiada frecuencia justo sobre los puntos que Slothrop ha marcado con estrellas...
Creo que la dificultad que plantean pasajes como este, no se debe tanto a la prosa barroca o microscópica que es propia de Pynchon, sino al uso de la elipsis como una de sus principales herramienta narrativas. Lo que permite obviar una gran cantidad de información y acelera el ritmo.
Es como cuando repasas contigo mismo, de qué manera tal conversación, con tal persona, en tales circunstancias, te hizo llegar a tal conclusión: es decir, de forma intuitiva. El narrador no presenta los antecedentes ni explica las motivaciones o relaciones entre los hechos, sino que presenta las consecuencias como si el lector ya conociera el contexto.
Es así como en sólo dos páginas (literalmente, páginas 36 y 37) se nos informa que Slothrop, aún siendo aliado, es vigilado de cerca por Bloat (quien probablemente sigue las órdenes del capitán Prentice). Que Tantivy —compañero de oficina de Slothrop y amigo de la infancia de Bloat— informa periódicamente a Bloat acerca de las conversaciones que mantiene con Slothrop, intentando extraer información tanto de él como de su mapa. Que tanto Tantivy como Bloat elaboran informes de Slothrop. Que Tantivy cree que se trata de simples excentricidades, en tanto que Bloat es algo más suspicaz. Que Slothrop... Es un hombre especial.
¿Es imposible de entender? Ni mucho menos, pero te obliga a estar atento. Sobre todo si no quieres perderte el sinnúmero de preciosas metáforas con respecto de todo. Porque además de la elipsis y la velocidad, la narración es extremadamente orgánica. Todo evoca algo que se ubica en otro sitio, todo trae el recuerdo de otra cosa que no está allí. Y lo hace a través de evocaciones tan aromáticas y visuales, tan exquisitas, como los desayunos de bananas.
Tal vez por eso pongo cara de noséquémeestascontando cuando escucho que la prosa de El Arco Iris de Gravedad es fría...
Pero volviendo al tema, que me lío.«Todo tipo de cosas han caído allí descuidadamente, formando capas, sobre una base de esmegma burocrático que se tamiza todo el rato hacia el fondo, compuesto de millones de minúsculos rizos rojos y pardos de goma de borrar, virutas de lápices, té seco y manchas de café, restos de azúcar y de leche, mucha ceniza de cigarrillos, despojos muy finos de cinta de máquina, engrudo, aspirinas que se desmenuzaron hasta convertirse en polvo. Además, gran cantidad de sujetapapeles, piedras de encendedor, gomas elásticas, grapas, colillas de cigarrillos [...] cucharillas de madera, pastillas para la tos, es decir, los famosos Thayer Slippery Elm Throat Lozenges que la madre de Slothrop, Nalline, manda desde Massachusetts, trozos de cinta magnetofónica, cordeles, pedazos de tiza…» (pág. 35)
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| Escritorio de Albert Einstein (Fotografía de Ralph Morse) |
El atractivo de la enumeración reside en su capacidad de exponer —de forma aparentemente sencilla, ordenada, fácil de comprender y por lo tanto, posible de resumir y de sistematizar— todo el inventario de una vida. A simple vista, reduce algo que preferimos creer irreductible. De allí la extraña inquietud al observar la intimidad de un escritorio plagado de papeles.





















