El hielo-9 , en cantidades suficientes, podría aniquilar todo rastro de vida en la tierra.
miércoles, 15 de junio de 2016
El tratado de los maniquíes, Bruno Schulz
miércoles, 20 de abril de 2016
Fragmento de "Eróstrato, incendiario" (1896), Marcel Schwob
Arde, arde, todo arde. Eróstrato grita su nombre en medio de las llamas, funde su huella con las cenizas del Artemision. Eróstrato; el más devoto, el más leal, el repudiado por la diosa. Eróstrato el incendiaro.
No pretende huir, los guardias le cogen, no opone resistencia. Ha profanado el tesoro de Artemisa, sólo él conoce el gran secreto vedado a los filósofos; las palabras de Heráclito latirán en su memoria más allá de la muerte.
Ha alimentado el fuego con el manto sagrado. Los pilares del templo se funden con la cúpula de ébano. Las voraces lenguas rojas tampoco mostrarán respeto por la diosa.
"En efecto; al ser torturado confesó que había comprendido de repente el sentido de la palabra de Heráclito, el camino de lo alto, y porqué la filosofía había enseñado que el alma mejor es la más seca y la más inflamada. Atestiguó que su alma, en ese sentido, era la más perfecta y que él había querido proclamarlo. No reconoció ningún otro motivo a su acción como no fuera la pasión por la gloria y la alegría de oír proferir su nombre. Dijo que sólo su reino hubiera sido absoluto, puesto que no se le conocía ningún padre y que Herostratos hubiera sido coronado por Herostratos, que era hijo de su obra y que su obra era la esencia del mundo; que de ese modo habría sido al mismo tiempo rey, filósofo y dios, único entre los hombres."La noche en que Eróstrato incendió el templo en Éfeso, vino al mundo Alejandro, rey de Macedonia.
martes, 19 de abril de 2016
Fragmento de "Bartleby, el escribiente" (1853), Herman Melville
Asistimos al final. El abogado observa al escribiente. Bartleby, acurrucado al pie de un grueso muro espera su inevitable final. Somos testigos del hombre que ha cumplido con todas las exigencias; eficiente, laborioso, serio, responsable, perplejo ante la discordancia, y, al otro lado, inmóvil y contemplativo, al que es una carta muerta, un sobre sellado al que nadie (salvo un destinatario ahora inexistente), podría develar. No puede existir comunicación verbal, no hay lazos que le unan a nadie, ha llegado tarde, se ha extraviado en el camino, alguien se ha confundido en las calles, en los buzones de unas casas que, a primera vista, parecen todas iguales. La carta sin destinatario ha vuelto al servicio de correos.
¿Qué se hace entonces con el elemento que no encaja?, ¿qué esperanza hay para la pieza que no funciona?
lunes, 18 de abril de 2016
Pruebas irrefutables de vida en otros planetas (Rodrigo Fresán)
sábado, 16 de abril de 2016
El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 8)
Páginas 87-97 (última actualización en marzo de 2019).
Parte 8: Sobre Mexico, el anti-Pointsman.
Las secciones de la novela, de común breves, se extienden algo más cuando se trata de abordar estados de ánimo, emociones o sueños que personajes como Jessica Swanlake, Roger Mexico, Edward W.A. Pointsman y Geoffrey Pirate Prentice tienen sobre sí mismos, sobre otros o sobre la guerra. Aparecen elementos y detalles, la historia se mueve gracias a los cambios de tiempo narrativo y la constante entrada y salida de personajes. No hay desorden, más bien un efecto de contraste o de profundidad que nos acerca visualmente a lo narrado.
Jessica despierta junto a Mexico en la casa donde se ven a escondidas. El sueño que tenía justo antes de despertar se funde con el frío, con el aspecto de las calles desde la ventana. Mexico duerme, murmura palabras entre sueños. Jessica piensa ¿por qué nada puede ser normal? ¿por qué sólo la guerra importa? Desde su escondrijo la guerra parece lejana, casi irreal pero la amenaza es siempre latente. Aún en sueños, permanecen con los ojos pegados al cielo.
Para Jessica, Mexico sigue siendo un jeroglífico. Lejos de la precognición, Mexico determina probabilidades de caos explosivo en los barrios de Londres aplicando una sencilla ecuación de Poisson sobre un mapa. Pero a Jessica se le escapan las piezas, es incapaz de unir sobre una hoja cuadriculada el probable destino de los puntos. A los ojos de Jessica, a los ojos de todos los miembros de la Visitación Blanca, Roger Mexico parece cada vez más un profeta. En los ceniceros de su despacho las colillas de cigarrillo se amontonan. Opuesto a los valores absolutos en los que se mueve Pointsman, Mexico aparece como su gemelo matérico opuesto; como el anti-Pointsman. Todo él observado desde el exterior, como el elemento más raro de un grupo de seres con curiosas capacidades mentales.
Jessica fuma, enciende cigarrillos con la colilla del anterior...
Y de pronto, la muerte entra derribando las ventanas con la onda expansiva de su presencia. Un cohete ha caído cerca de la casa."¿Y la gente que tendría que estardurmiendo en esas casas vacías, la gente que fue arrojada de ellas,algunos para siempre…? ¿Sueñan con ciudades llenas de brillantesluces en la noche, con navidades vistas otra vez desde la ventajosaperspectiva infantil y no como ovejas acurrucadas, tan vulnerablesen la desnuda ladera de la montaña, tan blanqueadas por elresplandor de la terrible Estrella? ¿O sueñan con canciones alegres,tan encantadoras y auténticas que pueden recordarse aldespertar…? ¿Sueños de tiempos de paz…?"


domingo, 10 de abril de 2016
Mientras agonizo (William Faulkner)
Novela polifónica, novela de voces, novela coral, tales son los nombres con los que se ha designado al conjunto de miradas que se reflejan sobre una realidad con tal de describirla. El monólogo interior como devaneo de la mente sin más límite ni censura que la propia autojustificación; tales fueron las herramientas utilizadas por William Faulkner para conseguir la gran novela que es esta novela. A través de sus cincuenta y nueve monólogos interiores se narra la odisea de los Bundren, una familia de campesinos pobres que habrá de luchar, contra fuego y marea, para cumplir con el último y tiránico deseo de la madre, Addie Bundren.
A partir de una idea poco pretenciosa (trasladar el cadáver hasta un cementerio de Jefferson), el relato se transforma en la presentación minuciosa de la realidad más cotidiana y atemporal, abarca a través de metáforas la multitud de escenarios en los que tienen lugar los actos humanos.
sábado, 2 de abril de 2016
George y Vivian (John Updike)
John Updike es el creador de una serie de novelas y personajes inolvidables a los que se suman cuentos, ensayos y una larga lista de trabajos relacionados con la literatura y la crítica. Está considerado dentro de los grandes escritores estadounidenses, de esos que hay que leer si uno quiere hacerse una idea de cómo se hilan las cosas en el universo literario de esa parte del mundo. George y Vivian es uno de los cuentos incluidos en el volumen "Lo que queda por vivir" (The afterlife and other stories, 1994), un cuento que me encanta no sólo por lo que dice sino también, y sobre todo, por cómo lo dice. A través de una prosa siempre cuidada, inteligente, medida, pesada, y sí, también y como muchos opinan, bastante conservadora, Updike nos recuerda que en los hechos cotidianos siempre hay cabida para inesperados contactos con la belleza, lo supremo y lo inevitable. Epifanías que nos ayudan a entender de qué va realmente esto que llamamos estar vivos...
martes, 22 de marzo de 2016
Los monstruos que no decimos, Jordi Ribas (Traducción)
Pero en esta ocasión, además del hecho de que la obra del artista Flóra Borsi me deslumbra tanto como a Jordi, rescato también, tanto de la artista como de la entrada de mi amigo, la reivindicación de un concepto que adoro cada día más; la lentitud y el desplazamiento milimétrico de todas las cosas. Nuestra venganza, activa y funcional, contra los tiempos de babeo apresurado en que nos ha tocado existir. Vivir en un segundo, elástico, estirado hasta el infinito, mientras observamos desde allí (desde esa lentitud en la que no pasa nada, pero pasa siempre, tanto, todo) cómo se forman y se deforman las cosas. Metabolismo basal como pilar fundamental para tratar de comprender el mundo que nos rodea. Así que acá va, su reivindicativa y más reciente entrada en donde revela el gran talento de una luminosa gota de sangre joven...
domingo, 28 de febrero de 2016
Diccionario de Personajes de "El arco iris de gravedad" (parte 1)
viernes, 19 de febrero de 2016
Murakami el hipnótico
Debo admitirlo, una de las decepciones más grandes que he tenido en el terreno de la literatura lleva por nombre Haruki Murakami.
En principio adentrarme en la literatura de este hombre no me llamaba para nada la atención, pero, espoleado por las numerosas recomendaciones, aplastado por la descomunal fama de sus novelas, sensibilizado por los ojos de perrito con pena con que aparece en las fotos (ver foto), agobiado por las conversaciones de pasillo que siempre contenían un Murakami dicho como en un susurro, como si de una palabra clave se tratase, al final acabé por preguntarme: ¿pero qué hago yo sin leer a este milagro?, ¿qué hago yo tan perdido, tan lejos del círculo sagrado?
miércoles, 10 de febrero de 2016
Reposiciones, nuevas adquisiciones...Y dolor
El problema de ser lector y vivir en un país que no es el tuyo y cuya lengua comprendes todavía a tropezones (pura desidia, todo hay que decirlo), es que la dificultad para encontrar novelas en papel a un precio razonable, se duplica. Qué más quisiera yo que tener cerca una biblioteca pública para atiborrarme de novelas...Pero no, así que la biblioteca privada va creciendo y va exigiendo, cual familia numerosa y alegre, más integrantes a la fiesta.
viernes, 5 de febrero de 2016
Por qué no leen los que leen
Y, esto es lo que ha salido...
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| Jamás pensé que pondría una foto de este hombre en mi blog... |
Cosas como prefiera las verduras a la comida chatarra, haga ejercicio en lugar de estar todo el día con el culo en sillón, prefiera los alimentos con poca grasa a los que chorrean ácidos grasos saturados que da gusto y otras cosas del género, de pronto requieren del respaldo de estudios hechos en prestigiosas universidades y del trabajo de decenas de científicos, como si el sentido común ya no fuese aval suficiente con que ir buscándose la vida.
miércoles, 3 de febrero de 2016
La flecha del tiempo (Martin Amis)
En 1967, cuando ya era amo y señor del vértice que forman el consumo de drogas, las visiones futuristas y la esquizofrenia paranoide, Philip K. Dick lanza al mundo otra de sus visiones; "Counter-clock Word" ("El mundo contra reloj"), una novela escrita sobre la paradoja del tiempo marcha atrás. La gente no come, regurgita; los excrementos no salen, entran. Los seres humanos vuelven a la vida en los cementerios con la ayuda de oscuras empresas dedicadas a proveer de servicios médicos y legales a quienes emiten subterráneos y desesperados gemidos desde las tumbas, y que al final (o al principio, según se mire), serán concebidos por parejas que sin necesidad del amor (puede que sin siquiera conocerse), estén dispuestas a dar origen a esa vieja-nueva vida en extinción. "Me llamo Tilly M. Benton y quiero salir de aquí", suplica la anciana sepultada bajo la hierba espesa de un cementerio abandonado, mientras el oficial Timbane, apostado junto a su tumba, empieza a entender que esa, será una noche muy larga.
jueves, 28 de enero de 2016
El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 7)
Páginas 71-87 (última actualización en marzo de 2019).
Al otro lado del Támesis Jessica y Mexico buscan a un viviseccionista; el doctor y pavloviano Edward W.A. Pointsman. Al llegar a su encuentro Jessica Swanlake y Roger Mexico descubren que una bomba V ha destrozado el laboratorio del doctor. Una frenética y divertida escena tendrá lugar en este momento, una que contrasta con la magnitud del desastre; todo se ha venido abajo, los objetos cotidianos se han vuelto peligrosos, cortantes, perforantes, amenazantes sobre las partes blandas de los cuerpos.
Algunas de las cosas que han quedado por allí también abren otra clase de heridas, íntimos deseos en la mente de Jessica. Es difícil caminar entre los escombros.
"La bomba V, cuyas mutilaciones él rondaba, había derribado cuatro viviendas algunos días atrás, exactamente cuatro casas, con la misma precisión de una intervención quirúrgica. Se percibe el suave olor a madera doméstica derribada antes de tiempo, a cenizas empapadas de lluvia."(página 72)
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| Casa en que nació Pavlov |
Los perros (y puede que esto sólo sea una metáfora), son los elegidos para los experimentos pavlovianos del doctor Pointsmann. Los que caen en sus manos van por ahí con los músculos al aire, con catéteres que cuelgan al costado de sus caras, las mejillas y otras partes de sus cuerpos como campos de batalla y de experimentación. Mexico ayuda a Pointsmann a acorralar al perro mientras Jessica, sin atreverse a pensar demasiado en destino del pobre animal, fuma y espera a que todo acabe.
No habrá suerte para Pointsmann. No al menos esta noche.
En este pasaje el narrador continúa el relato desde la vista y el pensamiento. La sordidez y la intensidad del ambiente se describen a través de diálogos íntimos que ocurren casi en susurros, secretos develados por voces interiores, narraciones en segunda persona. Aparecen estructuras gramaticales poco usuales y cacofonías que, sin embargo, no alteran la fluidez ni la musicalidad de las frases. Todo lo contrario, la intensifican al alinearse con el entorno, al ser un reflejo del ambiente que pretenden describir.
"Giran hacia el sur. Las luces brillan, acogedoras, en el tablero de mandos del coche. Los proyectores de vigilancia escudriñan el lluvioso cielo. El débil vehículo retiembla por las carreteras. Jessica va sumergiéndose en el sueño; cruje el asiento de cuero cuando ella se encoge. El limpiaparabrisas aparta la lluvia trazando rítmicos y brillantes semicírculos. Son más de las dos: hora de ir a casa."(página 78)
Luego del incidente del perro Pointsman se dirige hacia el hospital de Santa Verónica, allí le espera el doctor Kevin Spectro. Entre ronda y ronda, mientras Spectro clava jeringuillas, atiende a los niños de la guerra y reparte frases tranquilizadoras y falsas, ambos se reúnen para hablar; de la guerra, de la muerte, de cómo experimentan con animales y personas, se cuestionan, se castigan; se justifican. Slothrop es un tema recurrente, ¿quién es?, ¿qué es?, ¿a qué ley de la física desafía?; ¿Es realmente la explosión del cohete lo que Slothrop detecta, o es esta despolarización, esta "confusión" neurótica que llena las salas esta noche?. Para ellos como para nosotros, Slothrop es un misterio.
Aquella noche la mente de Pointsman transita también por otros territorios. Escucha a los niños durmiendo en la sala contigua; sus quejidos apagados, sus palabras a media voz, su necesidad de consuelo, mientras su alma se llena de una sensación nada espiritual, del deseo inenarrable de meterse en sus camas.
Sí, Pointsman tiene mucho en que pensar. Pointsman imagina a los niños de la guerra envueltos en sus sábanas virginales, los ve llegar en trenes a la estación de Santa Verónica, los espera, los observa, los engaña con su amabilidad. Tal vez aquella noche tampoco haya suerte en eso para Pointsman, pero otros trenes llegarán, decenas de otros cargamentos de niños perdidos, hambrientos y desconsolados se detendrán en la estación, y Pointsman estará allí para darles la bienvenida.

martes, 19 de enero de 2016
Adiós hermano mío (John Cheever)
En general, los motivos de por qué nos gusta un cuento saltan a la vista; una historia interesante, un estilo sugerente, una estructura particular, o incluso, la perspectiva inusual de algo que hasta entonces nos había pasado desapercibido; la idea de que un paraguas, puede ser mucho más que un paraguas.
Pero no siempre es tan sencillo. A veces las razones se ocultan, pasan por estados y sensaciones difícilmente transferibles a palabras. Y, claro, sumergirse allí, aparece como un ejercicio interesante y revelador.
Los títulos son numerosos, los autores son dispares. Todo terreno fértil para decodificar la realidad a través del microscopio del relato corto; desde los lejanos cortázares de mi juventud hasta mis más recientes updikes, acá están todos. A ver qué sale...
jueves, 14 de enero de 2016
El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 6)
Páginas 64-70 (última actualización en marzo de 2019).
Parte 6: Sobre el amor y la guerra.
Jessica y Mexico se conocieron gracias a un cohete, el maravilloso estruendo de un cohete lo suficientemente lejano, hacia la ciudad, para sentirse a salvo, pero lo bastante próximo y ruidoso como para hacer que Jessica decidiera refugiarse en el coche de Mexico..."El rostro de Jessica, sobre el fondo de vaho condensado en el cristal de la ventanilla, se ha convertido en otra nebulosidad, en otro truco luminoso del invierno. Más allá de su silueta, pasa la blanca fractura de la lluvia"(página 64)
"Y hubo momentos, también recientes la mayoría de ellos, momentos en que, cara-a-cara, no hubo modo de saber quién-era-
quién. Sentían al mismo tiempo la misma extraña confusión…, algo
así como mirarse por sorpresa en un espejo, pero…, más que eso,
el sentimiento de estar realmente unidos… cuando después de…,
¿quién sabe?, ¿dos minutos?, ¿una semana?, comprendían, ya otra
vez separados, lo que estuvo ocurriendo: que Roger y Jessica
estuvieron fundidos en un único ser inconsciente de sí mismo… En
una vida que él ha maldecido, una y otra vez, por su necesidad de
creer en lo transobservable. He aquí la primera, la primerísima magia auténtica: datos que él no puede rebatir.
"
(página 65)
Mexico teme que Jessica le vea sólo como un frío hombre de ciencias, como la excepción decepcionante del grupo de estrafalarios talentos paranormales de la que México forma parte; La Visitación Blanca. Mexico no es un clarividente, no es un viajero astral, no conecta con el otro mundo en viajes de desdoblamiento, Mexico no es más que un estadístico común y corriente intentando decodificar a números el incomprensible mensaje de las ouijas. Es un hijo de la guerra. Es tan joven y hace tanto tiempo que la guerra ha comenzado...
Juntos han visto decenas de cadáveres, han visto el consumirse de las casas devoradas por el fuego, el reflejo de tantas llamas amarillas que ambos han dejado de contar, y ahora, —en una especie de tregua contestataria—, se refugian en una casa al sur de Londres en la zona de paso prohibido. Durante sus encuentros al menos uno de los dos jamás se olvida de llevar flores. Corren el riesgo y mantendrán posiciones sin importar lo que suceda. Están enamorados. A la mierda la guerra.
viernes, 8 de enero de 2016
El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 5)
Páginas 53-63 (última actualización en marzo de 2019).
Parte 5: Sobre Roger Mexico, Jessica Swanlake y el pasado amoroso de Pirate Prentice.
La tierra sigue temblando. Bajo el estallido de las bombas, ocultos en la oscuridad, hombres y mujeres se congregan para poner en marcha los rituales de la guerra. En los oscuros rincones de un Londres que lucha por seguir resistiendo al bombardeo nazi, la vida, el amor y la guerra, se hacen en las calles, en ocasiones al mismo tiempo.
En algún lugar de las inmediaciones, en una habitación semioscura, se describe la escena de un insólito ritual de espiritismo. Los cuatro elementos aseguran la estabilidad del círculo sagrado; "Roland Feldspath (el espíritu), Peter Sachsa (el control), Carroll Eventyr (el médium), Selena (la esposa y sobreviviente)" (página 55).En la habitación contigua al ritual, el estadístico Milton Gloaming se afana en las ecuaciones para la construcción de un vocabulario de curvas a partir de las palabras aparecidas en la ouija. Jessica Swanlake le acompaña. Jessica Swanlake se agita bajo el jersey de lana marrón y pregunta a Gloaming cuál es la palabra que más se repite. Obviamente, la palabra que más se repite es muerte.
Jessica espera, dardos en mano y la impaciencia oprimiéndole el pecho, el regreso de su amante Roger Mexico.
Además del espiritismo la noche londinense incluye juegos de dados, paseos al romántico temblor de las bombas lejanas, intercambios de compañía, amor e información. La espera siempre es tensa aunque no se espere nada. Las bombas nazis convierten cada minuto en el que podría ser el último. Y sin embargo ni las bombas ni la oscuridad ni el temor les harán morir antes de tiempo, londinenses y extranjeros se reúnen y transitan, se buscan y se encuentran con fines no del todo al servicio de los intereses militares.
jueves, 7 de enero de 2016
El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 4)
Parte 4: Sobre el mapa y el pene de Slothrop.
Luego de la incursión espía de Teddy Bloat a la oficina del teniente Tyrone Slothrop, la acción sigue los pasos de éste último.
Teniente estadounidense, miembro de la ACHTUG, introspectivo y solitario, Slothrop se perfila como uno de los personajes más interesantes y complejos de «Beyone the zone», la primera parte de la novela. Es además uno de los personajes más conocidos de Pynchon.Preso del terror, asqueado de la muerte y unido para siempre a la maquinaria de la guerra debido a su incontrolable reflejo pavloviano, Slothrop se mueve como a control remoto. Busca entre los escombros de las explosiones, mientras intenta burlar a la soledad acompañándose de un sin fin de chicas londinenses que casi nunca vuelve a ver.
«Más o menos en la misma época, Tantivy comenzó a comprender el alcance del aislamiento de Slothrop. Parecía no tener a nadie más en Londres con quien hablar de cualquier cosa, salvo una multitud de muchachas a las que rara vez volvía a ver tras el primer encuentro» (pg. 42)
«...salir a buscar los excrementos de la bestia, fragmentos o piezas de la bomba alemana inencontrables, y escribir informes vacíos en sus libretas de notas...» (pg. 45)
La mañana en que Slothrop divisa al capitán Prentice es por la explosión prematura de un cohete en el aire. Al llegar al sitio una fuerte barrera militar le impide el paso. Habrá poco que informar. La única pieza que ha logrado sobrevivir es un cilindro de unos quince centímetros de largo y cinco de diámetro que probablemente contenga documentos en su interior. Pero no descubre nada más, porque todo acaba cuando Prentice coge el cilindro y se marcha sin explicar nada a nadie.
El único consuelo de Slothrop es la llegada de la orden que le destina a una nueva misión en el hospital de East End, como parte del Programa de Pruebas de la PWE. Slothrop se pregunta qué nuevo e inútil programa será ese. Slothrop sufre de una profunda desconfianza hacia la burocracia, hacia la innumerable lista de organizaciones, departamentos, programas, cargos y grados de la cadena de mando, destinados más que a salvar vidas, a mantener bien aceitados los engranajes de la oscura criatura bélica.
Y después, luego de un breve recorrido sobre la torcida genealogía de Slothrop, del momentáneo calor que le producen las chicas londinenses a las que frecuenta y de su priapismo a las 6:43:16, doble hora británica del verano, acaba esta breve radiografía de su vida;
"Así es como ocurre siempre… Sí, la gran mano brillante saliendo de la nube…" (página 52)

martes, 29 de diciembre de 2015
El arco iris de gravedad, Thomas Pynchon (parte 3)
Parte 3: Sobre cuando Tyrone Slothrop no entra en escena...
Es 1944, es Londres. Las labores de espionaje se tejen enredando a amigos y enemigos. Cualquiera puede ser un espía, incluso los más cercanos colaboradores. Teddy Bloat, fotógrafo británico y compañero de Pirate en el hotel-refugio, se dispone a llevar a cabo una pequeña «travesura espía».
En
un húmedo mediodía invernal, Bloat se dirige hacia «una
casa de tipo urbano, de piedra gris».
En un macuto de piel de canguro esconde el kit básico de
artilugios para espías; una cámara en miniatura, una lata de
regaliz, un bote de emplasto para adherir bigotes... La mansión
alberga a la ACHTUNG (Centro
de evacuación, unidades técnicas, Alemania del norte), donde trabajan su amigo el teniente británico Oliver «Tantivy» Mucker- Maffick, y el teniente estadounidense Tyrone Slothrop.Al interior de las dependencias, en el despacho que comparten Tantivy y Slothrop, una serie de planos, notas y mapas con información clasificada, detallan los pormenores de la guerra.
Aprovechando la soledad de la oficina en hora de comida, Bloat se dispone a fotografiar con su cámara de espía un plano muy particular. Uno que es propiedad del teniente Slothrop.
Durante meses Slothrop ha ido cubriendo la superficie del mapa de Londres con estrellas de colores. Forman verdaderas constelaciones. Cada color está asociado al nombre de una mujer «plateado Darlene, verde Gladys, dorado Katharine...» detallando la compleja y nutrida vida social de Slothrop.
Pero ¿describen los colores y las estrellas únicamente el lugar de las conquistas y las citas amorosas de Slothrop? Tantivy cree que sí, aunque no deja de ser curioso que los cohetes caigan con demasiada frecuencia justo sobre los puntos que Slothrop ha marcado con estrellas...
Creo que la dificultad que plantean pasajes como este, no se debe tanto a la prosa barroca o microscópica que es propia de Pynchon, sino al uso de la elipsis como una de sus principales herramienta narrativas. Lo que permite obviar una gran cantidad de información y acelera el ritmo.
Es como cuando repasas contigo mismo, de qué manera tal conversación, con tal persona, en tales circunstancias, te hizo llegar a tal conclusión: es decir, de forma intuitiva. El narrador no presenta los antecedentes ni explica las motivaciones o relaciones entre los hechos, sino que presenta las consecuencias como si el lector ya conociera el contexto.
Es así como en sólo dos páginas (literalmente, páginas 36 y 37) se nos informa que Slothrop, aún siendo aliado, es vigilado de cerca por Bloat (quien probablemente sigue las órdenes del capitán Prentice). Que Tantivy —compañero de oficina de Slothrop y amigo de la infancia de Bloat— informa periódicamente a Bloat acerca de las conversaciones que mantiene con Slothrop, intentando extraer información tanto de él como de su mapa. Que tanto Tantivy como Bloat elaboran informes de Slothrop. Que Tantivy cree que se trata de simples excentricidades, en tanto que Bloat es algo más suspicaz. Que Slothrop... Es un hombre especial.
¿Es imposible de entender? Ni mucho menos, pero te obliga a estar atento. Sobre todo si no quieres perderte el sinnúmero de preciosas metáforas con respecto de todo. Porque además de la elipsis y la velocidad, la narración es extremadamente orgánica. Todo evoca algo que se ubica en otro sitio, todo trae el recuerdo de otra cosa que no está allí. Y lo hace a través de evocaciones tan aromáticas y visuales, tan exquisitas, como los desayunos de bananas.
Tal vez por eso pongo cara de noséquémeestascontando cuando escucho que la prosa de El Arco Iris de Gravedad es fría...
Pero volviendo al tema, que me lío.«Todo tipo de cosas han caído allí descuidadamente, formando capas, sobre una base de esmegma burocrático que se tamiza todo el rato hacia el fondo, compuesto de millones de minúsculos rizos rojos y pardos de goma de borrar, virutas de lápices, té seco y manchas de café, restos de azúcar y de leche, mucha ceniza de cigarrillos, despojos muy finos de cinta de máquina, engrudo, aspirinas que se desmenuzaron hasta convertirse en polvo. Además, gran cantidad de sujetapapeles, piedras de encendedor, gomas elásticas, grapas, colillas de cigarrillos [...] cucharillas de madera, pastillas para la tos, es decir, los famosos Thayer Slippery Elm Throat Lozenges que la madre de Slothrop, Nalline, manda desde Massachusetts, trozos de cinta magnetofónica, cordeles, pedazos de tiza…» (pág. 35)
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| Escritorio de Albert Einstein (Fotografía de Ralph Morse) |
El atractivo de la enumeración reside en su capacidad de exponer —de forma aparentemente sencilla, ordenada, fácil de comprender y por lo tanto, posible de resumir y de sistematizar— todo el inventario de una vida. A simple vista, reduce algo que preferimos creer irreductible. De allí la extraña inquietud al observar la intimidad de un escritorio plagado de papeles.


























